jueves, 20 de febrero de 2020

"Prontuario de Gabinete": Santiago DEL MORO


PRONTUARIO DE GABINETE

*Caricatura digital: Andrés Casciani (2019) - Texto: Eddy Whopper


Sección: "PARTÍCIPES NECESARIOS"

Hoy: Santiago DEL MORO

Nombre completo: Santiago Pascual DEL MORO
Fecha de nacimiento: 9 de febrero de 1978

La sensación de superficialidad aséptica que transmite Santiago del Moro fue sumamente aprovechada por los programadores de la acción de marketing comunicacional macrista, para llevar a cabo sus fines de penetración sugestiva.

El público lo conoció a los 20 años, a fines de la década de 1990, como conductor de programas para adolescentes en la filial de la canadiense MuchMusic, una señal de televisión por cable dedicada a la difusión de música comercial con arraigo en la banalidad y en la omisión explícita de todo aquello que importe alguna forma de compromiso -siquiera mínima- con cualquier sistema de ideas.
Los programas en los que participó recibieron nombres decididamente exentos de vinculación con lo esencial, aunque claramente amigables con lo invisible: "Flow", "Countdown", "De Cerca" (cuya más recordada emisión fue protagonizada por el grupo para niños y post-púberes Erreway).

Con posterioridad, Santiago se dedicó al mismo cotilleo de la farándula vernácula que en su tiempo habían menudeado la Tía Valentina del programa "Buenas Tardes, Mucho Gusto"; el chimentero Luis Pedro Toni, mención obligada en los magazines del tirano popular y chabacano intencional oneroso Gerardo Sofovich; el correveidile uruguayo y vespertino Lucho Avilés, creador del tanque gerontológico "Indiscreciones"; y el entonces pasatista Jorge Rial, quien, antes de ser contratado por el duhaldismo, refería únicamente liviandades del entorno TV al estilo desvergonzado, de falsa estudiantina y abultada carga de excesos de la noche empresaria que perfilaron los primeros años de adolescencia tardía e irresponsable de "Videomatch".

Acumuladas sus performances de líder insustancial en los vanos "Infama" e "Intratables" –que abarcaron, sumados y aun superpuestos, una década entera- Del Moro fue seleccionado por el macrismo para acentuar la difusión del prototipo de un nuevo vecino que, desde la franqueza del “buen ignorante”, decidía dar la espalda a las creaciones de un sentido común “intoxicado por la política” y poner en valor las verdades sencillas de una clase media “laburante” e “indignada”.

Intratables, un tinglado de habladurías sobre la comedia local, fue precisamente el espacio elegido por los especialistas en comunicación del macrismo para exponer una interpelación deslenguada a la comunidad política, desde la mediocridad revalorizada.
Ninguno de los “panelistas” de Intratables tenía especial versación sobre alguna cosa; como correlato, ninguna de las batallas verbales que a los gritos se prodigaban aquellos ganapanes, administradas desde la pureza racial por Santiago, aportaba objetivamente más elementos que una pelea cualquiera entre compadres rústicos o comadronas exaltadas.

Prendidos al vértigo del “minuto a minuto”, operadores pagos y más o menos psicópatas dictaban instrucciones a los participantes a través de las “cucarachas” –pequeños micrófonos insertados violenta y directamente en el canal auricular del provocador- y así, en el fragor de la batahola iracunda, toda verdad quedaba relativizada, a favor de la profundización de las distancias entre el "kirchnerismo corrupto" y el "cambio honesto".

Este sostén conventillero, estetizado para imitar los niveles que la clase media cree que tienen las licencias orgiásticas de los ricos, fue ávidamente consumido por un público que aceptó la propia extinción de su capacidad crítica y que, además, generó canales de identificación con las pobrezas objetivas de los planteos propuestos por el asalariado Del Moro.

El pico máximo de esta tarea de efectividad, ya directamente programado como un acto de genuflexión sugestiva, se dio cuando, en “emisión especial”, entrevistó al presidente Macri el día 9 de agosto de 2017, pocos días antes de las primeras (y últimas) elecciones de medio término que afrontaría el gobierno triunfante en 2015.

Especialmente limpísimo, Santiago fue utilizado a cambio de un pago para ocultar con enlucido de trivialidades el daño generado por el proyecto neoliberal, y también para enaltecer la figura de Mauricio Macri desde un mangrullo insípido aunque puramente emocional.
Allí, Del Moro desplegó la misma hipocresía gestual y las mismas sonrisas defensivas en contexto de vacío discursivo que cada mensual de clase media histrioniza cuando habla con su jefe. La táctica neoliberal apuntaba, esta vez, al naturalismo degradante.

“Cristina no tenía en su cabeza entregar el mando”, mintió Mauricio en aquella ocasión, para la ciudad y el mundo. “Porque tiene un problema psicológico”, continuó. “Ella debe creer que todavía tiene el mando de la Argentina”. Santiago, impecable, asentía como nuestro mejor sobrino. Mientras, Macri auguraba: “El país va a crecer más el año que viene [2018], porque mucha gente va a apostar por nuestro futuro y va a venir y va crear más empleo”.

Cuatro meses después de montarse en aquel tinglado, Santiago del Moro convino cuarteles de invierno con sus empleadores.
Regenteado por la empresa Telefé, el poder real agradeció los servicios prestados ordenándole conducir un espacio en el que la misma clase media a la que él contribuyó a embrutecer alimenta su vulgar sueño ancestral de ganar rápidamente mucho dinero. Allí, Del Moro, un adulto de ya cuatro décadas, biencasado y papi de dos soles, despliega un sainete de falso lujo en el que, de a uno, de a dos o de a tres, exponentes arquetípicos del vecino de al lado juegan a validar su pobreza cultural.
En “¿Quién quiere ser millonario?”, el programa de preguntas y respuestas a que se aficionó la clase media macrista en el último tramo del gobierno de su idolatrado, Santiago recibió la misión de sustituir las lecciones de sabiduría por manifestaciones de un "canto a la vida" lelo y aceptante de las relaciones de explotación, diluidas bajo el velo de las mismas ilusiones ingenuas que nuestros bisabuelos ponían en la carrera de los hijos o en la lotería.
La emisión es, también, una exposición validante de paradigmas de la tosquedad que opera como canal informal de control social.

Podría quizás aventurarse que, en la lograda cadena de éxitos procurada por el macrismo –que contaba como objetivo alcanzado cada individual exterminio del criterio- Santiago del Moro fue objeto de proyección de lo que la clase media degradada quiso para sus hijos.

Su figura y sus licencias de honestidad iletrada continúan aportando la misma deseada máscara hiperbólica que cada pequeño empleado o cuentapropista aspira a reconocer en su prole, la misma corrección forzada y pueril que cada oficinista ejerce para ignorar y hacer ignorar la dinámica de la explotación, el mismo brillo infantil que infunde seducción a la mentira y la misma sugerida perversión polimorfa que Freud postulaba acerca de los niños.

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domingo, 16 de febrero de 2020

"Prontuario de Gabinete": Nelson CASTRO


PRONTUARIO DE GABINETE

*Caricatura digital: Andrés Casciani (2020) / Texto: Eddy Whopper

Sección "Partícipes Necesarios"

Hoy: Nelson CASTRO

Nombre completo: Nelson Alberto Castro
Fecha de Nacimiento: 5 de abril de 1955

Nelson Castro es un intelectual de medianas aptitudes, moderado ejercicio y buena captación y respeto por parte del “público en general”. Prestó su alistamiento voluntario y oneroso a favor de los intereses desmedidos de las corporaciones mediáticas, que le digitaron los ámbitos, los contenidos y las formas de exposición del pensamiento. La clase media televisiva sabe que el apelativo de “doctor” le viene de haber cursado y terminado la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires; y que la exhibición descontextualizada de su especialidad –la neurología- lo ha ubicado en un sitial de emisor válido de enunciados relativos al estado de salud mental de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por lo demás, Castro también ha estudiado periodismo y música: habría compuesto, incluso, algunas sinfonías. Es autor de varios libros, ensayos más o menos periodísticos con algún viso de verdad protouniversitaria, al mismo estilo de acercamiento descontracturado a la cultura que postula el suplemento “Ñ” de su empleador, dirigido al público de clase media algo profesional o con estudios terciarios sin terminar.

Antes de concertar su ingreso al Grupo Clarín, Castro demostró habilidad para abordar fenómenos complejos: cursó una maestría en Estados Unidos y logró ser acreditado en la Casa Blanca como periodista internacional en las conferencias brindadas por Ronald Reagan. A partir de entonces, tejió relaciones con el llamado “Departamento de Estado” norteamericano –la oficina administrativa que concreta la política exterior de aquel país- que le permitieron acceder a ciertas posiciones de privilegio en el entorno del periodismo político, tales como la autorización de la Embajada de EE. UU. para establecer comunicaciones con personal militar durante la Guerra del Golfo Pérsico en 1991 y las entrevistas a diversos líderes latinoamericanos. Casualmente, Nelson Castro se encontraba en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, día del atentado a las Torres Gemelas.

El Grupo Clarín lo tenía como miembro de su staff ya en el inicio de la campaña de sugestión colectiva que, en forma efectivísima, captó el criterio de una mayoría sustentada en el ejercicio y la promoción de antivalores ancestrales, con el logrado fin de entronizar a Mauricio Macri en la Presidencia de la Nación. Su programa “El Juego Limpio” (que se emitía desde 1998), había logrado el favor de un sector cada vez más numeroso de empleados adultos y jubilados que más o menos superaban los dos salarios mínimos, vitales y móviles. Finalmente, el holding dirigido por Héctor Magnetto aprovechó su despido de Radio Del Plata, cuyos dueños eran por entonces allegados al kirchnerismo, para construirlo como figura central de difusión del discurso macrista.

Más tarde, precedió al programa de Víctor Hugo Morales en Radio Continental, en el horario de 6 a 9 de la mañana: desde allí, con “La Mirada Despierta”, continuó su actividad de fogoneo crítico y estigmatizador de Cristina Fernández y del “entorno K”, a quienes se sindicaba como autores de los más múltiples desvaríos espirituales y materiales.

En especial, Castro recibió instrucciones de reseñar, del modo más didáctico y a la vez más efectista posible, el aparente sustento teórico de los preconceptos que esa clase media moralmente degradada había acuñado respecto de la entonces Presidenta de la Nación. Por alguna razón relacionada con el álea de la ignorancia, los sectores asalariados y pequeño-cuentapropistas “anti K” vinculaban a la Primera Mandataria con algunos estereotipos de salud, fuertemente afines a las ideas hiperbólicas de locura que formaban parte de sus contenidos de inmigración.

Con el objeto de hacerse de ese capital corroído y utilizarlo a favor de la construcción de un nuevo orden político, el poder real contrató al doctor Castro a fin de que mintiera en todas las instancias de comunicación masiva y destacara sin vergüenza ninguna –desde su indiscutible validación conferida por la neurología de sus espectadores- los supuestos visos de insania que padecería y ostentaría Cristina Fernández de Kirchner.

Su trabajo consistió, en este contexto, en emitir públicamente diagnósticos de salud mental que involucraban a la esposa de Néstor Kirchner. Esta locución médico mediático – paciente ausente alcanzó su clímax de irrealidad cuando Castro, frente a las cámaras programadas, sindicó a Cristina Fernández como víctima de un ignoto “Síndrome de Hubris”, trastorno psiquiátrico consistente en ejercer el despotismo arrogante y el desconocimiento soberbio de los derechos de las personas en cualquier instancia de poder.

El encuadramiento sintomatológico fue rabiosamente aceptado por la clase media, que encontró en las palabras del galeno catódico un canal de legitimación médica de lo que hasta ahora se había traducido como insultos. La clase media sintió, a partir de la validación castrense, que podía despreciar al kirchnerismo con apoyatura en conocimientos aportados por la ciencia, algo que no sucedía en la Historia Universal desde el desarrollo del sistema político-racial elaborado y emprendido por el nacionalsocialismo alemán. Con el sostén aportado por la aparente teoría sanitaria y emitido por el médico que había elegido comunicar a la gente, el mediopelo tuvo su argumento de autoridad para, ya definitivamente, clausurar toda puerta que abriera el camino del razonamiento virtuoso y abrazar el macrismo en absoluta fiesta de preconceptos consagrados.

Como genial acentuación de su doctrina pagada, y para evitar que a sus palabras se las llevara el mismo viento que había arrastrado el criterio de los abusados del 2001 (y que ahora, salvados de la miseria por el Matrimonio Presidencial, desconocían con ruindad a sus benefactores), el doctor Castro asentó en libro sus disparates de consultorio. SECRETO DE ESTADO - LA VERDAD SOBRE LA SALUD DE CRISTINA FERNÁNDEZ fue récord de ventas entre los nuevos “indignados” de asado semanal y proyecto de tour europeo de 20 días - 15 capitales.

El texto castreano plantea la absurda necesidad de abordar la locura específica de Cristina Fernández –que da por sentada, como premisa de sus ideaciones editoriales- en carácter de cuestión de interés público, involucrando así a todos en la defensa de un país que postulaba timoneado con peligro para “nosotros y nuestros hijos” por una Ajab del poder. Algunos capítulos dan cuenta de las intenciones de penetración e instalación en la idea mórbida ya desarrollada por su público: “Es bipolar” (Capítulo I); “El Cáncer que no fue” (Capítulo II); “Hay que temerle a Dios… y un poquito a mí” (Capítulo III, base de las especulaciones húbricas); “Tropezón y Caída” (Capítulo IV); “Fiebre de un domingo por la tarde” (Capítulo V); “Hay que cuidar la máquina” (Capítulo VII) y un epílogo -cuya rotulación como “Addendum” consolida la apreciación jerárquica del volumen entre la clase media mayormente iletrada- titulado “La Unidad Médica Presidencial”.

Nelson Castro fue uno de los conductores de la llamada “Marcha por Nisman” del 18 de febrero de 2015, en la que diversos funcionarios jerárquicos del Poder Judicial se volcaron a las calles para reclamar la misma Justicia que ellos estaban encargados de impartir. Aquel día, bajo una lluvia de verano que también sugería “limpieza”, Castro pintó con tonos de mesura en la tragedia decenas de imágenes de contundente poder de penetración en sus expectadores ya definitivamente captados. Por entonces, algunas provincias comenzaban a elegir autoridades locales en elecciones que, una a una, iba ganando el macrismo. En aquella emisión, Castro recibió varias instrucciones centrales respecto del modo de comunicar y de los contenidos: una de ellas fue la de omitir adrede el carácter ilegal de la marcha, prohibida desde el dictado de las primeras normas sobre ejercicio de la judicatura, que impiden a jueces, fiscales y agentes con rango de funcionario o magistrado participar de actividades de carácter político.

Con la caída del macrismo, el periodista-doctor ha perdido cierto predicamento, que seguramente retomará cuando la derecha neoliberal retome el poder, algo que, dado el estado de anomia cultural de nuestras mayorías, ciertamente acaecerá mucho antes de su muerte.

Sería desacertado afirmar que Castro ha pecado de ingenuo al aceptar el pago del poder real para formar parte de la troupe segadora del criterio del mediopelo. Su capacidad de elaboración de discurso y las múltiples áreas en las que ha desarrollado su actividad rentada en pos del ascenso y mantenimiento de Mauricio Macri en el poder dan pábulo a la idea de que su decisión de naturalizar la mentira emocional fue claramente dolosa.

Por esa razón, que lo sindica como uno de los principales hacedores del mal sugestivo que desencadenó en el advenimiento de la dictadura macrista, Nelson Castro es parte de este Prontuario de Gabinete, cuya página será escrutada cuando la Historia y –especialmente- los hombres venzan la cobardía y asuman el superior ministerio de juzgar, de acuerdo con criterios elementales de verdad, equidad y necesidad racional de justo castigo.

*Galería completa: https://prontuariodegabinete.blogspot.com/

jueves, 13 de febrero de 2020

Fernando De la Rúa


"20 años no es nada - De La Rúa" ilustración de Andrés Casciani para la sección de Roly Gimenez sobre los 20 años de Revista Zero y su contexto histórico nacional y provincial (Revista Zero, Mendoza, abril de 2019)

andrescasciani.com


sábado, 8 de febrero de 2020

Jorge Alemán


“El capitalismo actual tiene como botín de guerra la subjetividad. Ahora el neoliberalismo es la primer formación histórica que está absolutamente interesada en producir subjetividades: la figura del emprendedor, la fábrica del hombre endeudado, la autoayuda, los managers del alma, los coach. Es decir, la reproducción social del capital ahora ya toca la vida íntima. Por lo tanto el “crimen es perfecto”: si toda la subjetividad, tal como pensaron en su día Foucault, Deleuze y otros, está en manos de la producción del capital, no habría ningún lugar que quedase ajeno a lo que es la reproducción ilimitada y la extensión homogénea del capitalismo”.
(Jorge Alemán)

* Caricatura por Andrés Casciani
- Collage y lápices sobre papel - 21 x 29 cms (2020)

andrescasciani.com

martes, 28 de enero de 2020

Alan Moore


“Cuando empecé en el cómic, era un medio creado para la clase trabajadora, y sobre todo para sus hijos. Se producía y distribuía de forma barata para un amplio público adolescente, la edad en la que el público está más hambriento de ideas nuevas y radicales. Ahora, casi todos los cómics son para la clase media, y sobre ella. Mucha de esta audiencia literariamente moribunda es gente de mediana edad motivada por la nostalgia de su infancia y de tiempos más simples”.
(Alan Moore)

* Caricatura por Andrés Casciani
- Carbonilla, acrílico y lápices sobre papel - 21 x 29 cms c/u (2020)

andrescasciani.com

domingo, 26 de enero de 2020

Phillip K. Dick


"Apuesto a que te dijo que fue "el destino el que te trajo aquí", ¿verdad? Creen que son peones en manos de seres superiores, cuando en realidad son peones en manos de sus propios subconscientes, que se han desbocado“.
(Phillip K. Dick)

* Caricatura por Andrés Casciani
- Carbonilla, collage y tinta sobre papel - 21 x 29 cms (2020)

andrescasciani.com

jueves, 23 de enero de 2020

"Jurassic Su"


"Jurassic Su"
*Ilustración digital por Andrés Casciani, publicada en Revista Barcelona Nro. 453 (enero 2020)

http://andrescasciani.com/

miércoles, 22 de enero de 2020

Víctor Hugo Morales


“De esto se toma Clarín para una mentira que ya es de risas, desopilante, y que no obstante, la gente que no quiere comprometerse, la que se quiere sentar en la cena o en la fiesta, sea cristiana o sea judía, quiere manejarse con:
- ¿A vos que te parece lo de Nisman?
- Y… yo tengo mis dudas…
Y con “yo tengo mis dudas” hay un escape, casi cobarde por otra parte, de tu responsabilidad de pensar, de tu responsabilidad de informarte. Y son progresistas. ¿Saben que progresistas son? los de los años 90. Hay unos progresistas de los años 90, entre los que he tenido unos cuantos amigos, que son peores que la derecha. Los progresistas de los años 90, los progresistas fáciles, los progresistas contra Menem…. Progresistas de aquella época, que no rompían con el establishment, tanto en el periodismo como en la vida cotidiana. Y la verdad me harté”.
(Víctor Hugo Morales – editorial radial 20-1-20)

* Caricatura por Andrés Casciani
- Carbonilla, acrílico y lápices sobre papel - 21 x 29 cms (2020)

andrescasciani.com

martes, 21 de enero de 2020

"Center Fernández"


"Center Fernández"
*Ilustración digital por Andrés Casciani, publicada en Revista Barcelona Nro. 453 (enero 2020)

http://andrescasciani.com/

domingo, 19 de enero de 2020

Zygmunt Bauman


"Las redes sociales son la trampa de la modernidad individualista".
(Zygmunt Bauman)

- Cita seleccionada por Jorge Messineo
* Caricatura por Andrés Casciani
- Carbonilla, collage y lápices sobre papel - 21 x 29 cms (2020)

andrescasciani.com

sábado, 18 de enero de 2020

Ignacio Ramonet


“Querer informarse sin esfuerzo es una ilusión que tiene que ver con el mito publicitario más que con la movilización cívica. Informarse cansa y a este precio el ciudadano adquiere el derecho de participar inteligentemente en la vida democrática”.
(Ignacio Ramonet)

* Caricatura por Andrés Casciani.
- Carbonilla, collage y lápices sobre papel - 21 x 29 cms (2020)

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miércoles, 8 de enero de 2020

Elvis Presley


"No se nada sobre música, no es necesario en mi trabajo".
Hace 85 años nacía Elvis Presley.

* Caricatura por Andrés Casciani.
- Tiza pastel, acrílico, collage y lápices sobre papel - 21 x 29 cms (2020)

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jueves, 19 de diciembre de 2019

Caricaturas en vivo (18/12/19)


Caricaturas realizadas en vivo por Andrés Casciani en el Agasajo de Fin de Año a Agencias de Turismo en Bodega Catena Zapata (Agrelo, Mendoza,18/12/19).

* para contratar el servicio escribir a andrescasciani@gmail.com 















sábado, 14 de diciembre de 2019

"Prontuario de Gabinete": Los TROLLS


PRONTUARIO DE GABINETE

*Caricatura digital: Andrés Casciani (2019) / Texto: Eddy Whopper

Sección "PARTÍCIPES NECESARIOS"

HOY: Los TROLLS

Al igual que la policía y las llamadas “fuerzas de seguridad”, los trolls fueron ejecutores –antes, durante y después de la presidencia de Mauricio Macri- de órdenes inmorales que coadyuvaron a la conformación de un Estado de Violencia necesario para imponer la dinámica neoliberal de exclusión.

Si a los agentes armados se les ordenó vulnerar todo apego por la dignidad y quitar de cauce la vocación por la agresión que edifica el psiquismo de sus miembros -contenida y legitimada por la estructura institucional- a los trolls se les encomendó la tarea de mantener en plano de vigencia y resalte la coacción discursiva y la violación de todo criterio de paz.

Conocedores de su público, los integrantes del equipo de difusión de los antiprincipios macristas –quizás con el dinero proveniente de los sectores del poder real, afectados por las políticas de redistribución implementadas desde el año 2003- organizaron y entrenaron grupos de “operadores informáticos” con especiales tendencias conductuales a la desintegración relacional, a fin de que instalaran en las redes sociales espacios de naturalización de contenidos que habían permanecido reprimidos durante décadas en un sector mayoritario de la población y que la impronta del “cambio” ubicaba en un plano de legitimación.

Encaramados a este proyecto de puesta en valor de las miserias espirituales que conforman la esencia de millones, mantenidas en reserva a favor de ciertos estándares de convivencia ya estresados, los trolls se escudaron en una idea distorsionada de la libertad de expresión para reflotar aquellos residuos éticos con que la clase media mayoritaria venía intoxicándose por generaciones. Sabedora de que esta sequedad de honra cruzaba al total del público al que se dirigía, la voluntad presidencial –impregnada de las transgresiones ilegales propias del ser empresarial admirado por sus adherentes- aceptó y promovió la formulación de cientos de miles de manifestaciones racistas, xenófobas, de desprecio hacia los marginados, de muerte a los excluidos, de aplicación de pena capital a niños en estado de exposición al sistema penal, de multiplicación obscena de los favorecimientos injustos a los que más tienen, de demolición a través del insulto; pero también de apoyo, puesta en bien y aliento a cada una de las infracciones a la ley material cometidas por los funcionarios y autoridades del macrismo.

El grupo de trabajadores en redes, rentado también con el aporte de fondos públicos, fue permanentemente sometido a un “coacheo” idóneo fundado en lineamientos de la llamada “neurociencia”, una especie de disciplina relevada por el mercadeo que genera enunciados tendientes a la determinación de conductas. Su trabajo, junto con el del resto de los operadores actuantes en los medios masivos de comunicación, aportó una enorme influencia en la generación de “posverdad”: expresiones, descripciones, noticias, justificaciones o explicaciones todas teñidas de falsedad, pero que finalmente resultan percibidas como ciertas por los destinatarios, dado el seguimiento de una coherencia interna del discurso que dota a las enormidades transmitidas de rasgos de verosimilitud.

Los principios que sustentan la tarea de los trolls reconocen, además de las formulaciones médicas-psiquiátricas, una experiencia histórica exitosa: la acción propagandística hitleriana, liderada por el genio publicitario de Joseph Goebbels.

En esta dirección, la red Twitter resultó la más idónea para concretar el propósito de difusión de odio y acentuación de la grieta bajo la forma de emisión de mensajes cortos, de fácil lectura y de gran poder de penetración. Las “campañas” desplegadas por quienes tuvieron a su cargo la toma de decisiones en la “máquina troll” aprovecharon el servicio permanente de exhibición de las expresiones o palabras más utilizadas en el entorno “tuitero” (llamadas "trending topics") para instalar supuestas ideas-fuerza de un aparente consenso intencionalmente creado y distorsionado. La complicidad de la empresa llegó, además, al extremo de silenciar las voces disidentes o cerrar sus cuentas, brindar datos acerca de quienes se manifestaron en contra de las acciones del macrismo –con el fin de que sean policial, institucional, laboral o físicamente perseguidos- y aun vender al ámbito del poder real servicios amigables con los objetivos de generación de un estado de sugestión emocional colectivo. Entre estos últimos, se encuentran la invisibilización de hashtags que expresaban algún contradiscurso, la provisión de íconos de impacto visual para facilitar la explosión masiva de “tweets” y la manipulación de frases frecuentes, al fin de forzar la llegada al "Top 10" de esa lista de locuciones o palabras que convenían al gobierno-cliente, sin contar con la cantidad suficiente de mensajes en los que se las incluyera. Así pasó con “#DevuelvanloRobado”, “#LaQueremosPresa”, "YoVotoMM" y muchísimos otros.

La repetición de mentiras y la desviación emocional de los destinatarios no pudieron realizarse, sin embargo, sin que en el ejercicio de su labor los operadores informáticos cometieran delitos, cuya impunidad vino garantizada por los propios estamentos del poder formal. Algunos de los quiebres a la ley penal perpetrados por estos empleados públicos emergieron como calumnias (art. 109 del Cód. Pen.), injurias (art. 110), calumnias o injurias cometidas por medio de la prensa (art. 114), calumnias o injurias cometidas por funcionarios públicos en ejercicio de sus funciones (art. 117 bis, inc. 4º), amenazas simples (art. 149 bis, primer párrafo), amenazas agravadas por anonimato (art. 149 bis, primer párrafo in fine), amenazas coactivas (art. 149 bis, último párrafo), amenazas coactivas agravadas por anonimato (art. 149 ter, inc. 1) o por el propósito de compeler a una persona a hacer abandono del país, de una provincia o de los lugares de su residencia habitual o de trabajo (art. 149 ter, inc. 2, subinc. b); violación de secretos o de la privacidad (art. 153) agravada por tratarse de “carta, escrito, despacho o comunicación electrónica” (art. 153, tercer párrafo) o por su comisión por funcionario público (art. 153, último párrafo); violación de correspondencia (art. 154), acceso indebido a bancos de datos personales (art. 157 bis, inc. 1) agravados por su comisión por empleado público (art. 157 bis, último párrafo), turbación amenazante de la libertad de reunión (art. 160); instigación a cometer delitos (art. 209), asociación ilícita (art. 210), asociación ilícita agravada por poner en peligro la vigencia de la Constitución Nacional (art. 210 bis) o recibir apoyo de funcionario público (art. 210 bis, inciso h); intimidación pública (art. 211), incitación a la violencia colectiva (art. 212), apología del crimen (art. 213), coerción ideológica (art. 213 bis), atentado contra el orden constitucional y la vida democrática a través de amenazas (art. 226 bis), participación en organización o realización de propaganda basada en ideas o teorías de superioridad de una raza o de un grupo de personas de determinada religión, origen étnico o color, que tienen por objeto la justificación o promoción de la discriminación racial o religiosa en cualquier forma (art. 3º de la Ley 23.592, primer párrafo), acciones de persecución u odio por causa de raza, religión, nacionalidad o ideas políticas (art. 3º de la Ley 23.592, último párrafo) y muchos otros, además de contravenciones como el hostigamiento o la discriminación simple.

Estas figuras penales (sólo enumeradas a título enunciativo) han sido cubiertas por los trolls bajo toda forma de participación criminal, sea como autores, partícipes primarios, partícipes secundarios (arts. 45 y 46 del Cód. Pen.) o en su carácter de autores de instigación (como ya se advirtiera) o de tentativa (art. 42).

Su acción contribuyó, además, a la fractura del principio de realidad en una apabullante cantidad de votantes del cambio, muy fuertemente condicionados en sus posibilidades de intelección por la intensidad de las invectivas de sugestión desplegadas por el marco operacional del macrismo.

Esta escisión esquizoide se vio vigorosamente manifestada hacia el final de la campaña de reelección de 2019, momento en el cual, a nivel experimental y quizás como si se tratara de una subestimación lúdica degenerativa, el gobierno macrista probó la implementación de una audaz vuelta de tuerca del sistema de manipulación de criterios: inundó la red Twitter con mensajes absolutamente dislocados desde lo semántico, en la plena seguridad de que sus seguidores, de todos modos, los incorporarían desde lo emocional. Así, usuarios inexistentes creados por robots virtuales pagados a centrales quizás norteamericanas para emitir renglonadas breves, elaboraron en forma automática locuciones gramaticalmente insanas, pero de enorme influencia entre los afectados a quienes iban dirigidas, tales como “¡Siéntete libre de Mauricio, no te relajes!”, “Caricias significativas provenientes de Hurlingham!” o alguna pretensión de dato duro psiquiátricamente condicionado, como el texto de la falsa “tuitera” Lavonne Smithorsmith, quien puso en conocimiento de una audiencia desquiciada que “Macri tomó posesión de una nueva victoria política por el momento. A medida que el acuerdo entra en una fase burocrática en el comercio UE”.

Los trolls configuran, además, otra de las instancias que pusieron a prueba la capacidad de hipocresía del macrista doloso, en especial el perteneciente a la clase media que había logrado “informatizarse” durante los años de administración de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Y ello así, porque las evidencias de comportamiento parecieran indicar que esa clase media “del cambio” –a salvo, quizás, de la más racionalmente deteriorada- sabía perfectamente que cada intervención de los trolls importaba una mentira, un delito, un apoyo a la delincuencia oficial o un intento consagrado de instalación emocional.

La “pata troll”, sufrida o consensuada, fue una de las principales armas de control social, generación de terror y ejecución efectiva de penetración frenopática durante el gobierno de Mauricio Macri.

Si preguntáramos a cualquier macrista usuario de redes sociales qué cosa es un troll, quizás su ignorancia le imponga reconocer que no tiene la menor idea. No obstante, también es posible que realmente sepa –y en virtud de la miseria de su condición se rehúse a confesarlo- que se trata de delincuentes pagados por el Estado amarillo, reunidos en oficinas públicas al mando nada menos que de Marcos Peña, el otrora Jefe de Gabinete del ex presidente de Boca, y cuya función es la de imponer la mentira, el miedo, la violencia y la desintegración del tejido social a través de una acción incesante de exposición penalmente relevante.

En cualquier caso, pareciera que la impronta contaminante de los trolls se ha instalado de una vez y para siempre y forma parte ya de las deficiencias constitutivas que nos instauran como Nación. Encontrándose el poder real del lado tóxico del debate social, es dable esperar que estos intoxicadores no sean removidos. Al contrario: muy probablemente, si nadie los identifica, juzga y condena, este ejército de psicópatas contratados por perversos continúe manipulando el criterio exterminado de quienes han elegido voluntariamente patologizarse; y alguna decisiva influencia ejercerán, también, en la horadación racional de miles de internautas desprevenidos o que no saben que son venales.

Ahora bien: aunque pese a cualquier persona realmente honesta, es cierto que los trolls han efectuado un aporte de fundamental valor para las generaciones venideras. La concienzuda labor de estos vejadores dejó para siempre un legado de indudable apreciación que permitirá el estudio veraz, científico y definitivo del Período de los Globos.

Es que en el Boletín Oficial y en los trolls el macrismo ha mostrado su verdad más desnuda, hablando allí sin la menor vocación de maquillaje.

Abrevando de esas decadencias documentadas, la Historia tendrá de dónde obtener los datos que permitan reconstruir y narrar, libre de toda influencia mórbida, las influencias, disparates, violencias, mentiras y sugestiones que provocaron esta urgente necesidad de reeducación generacional.

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domingo, 8 de diciembre de 2019

Orson Welles


"Nuestras obras están a salvo, algunas durante décadas, o tal vez uno o dos milenios. Los tesoros y los fraudes..Nuestras canciones... todas nuestras canciones serán silenciadas. Pero ¿qué importa? Sigue cantando".
(Orson Welles)

* Caricatura por Andrés Casciani
- Tiza pastel acrílico y lápices sobre papel - 21 x 29 cms (2019)

andrescasciani.com

martes, 3 de diciembre de 2019

"Prontuario de Gabinete": Baby ETCHECOPAR


PRONTUARIO DE GABINETE

*Caricatura digital: Andrés Casciani (2019) / Texto: Eddy Whopper

Sección "PARTÍCIPES NECESARIOS"

HOY: Baby ETCHECOPAR

Nombre completo: Ángel Pedro Etchecopar
Alias: Baby
Fecha de nacimiento: 16 de febrero de 1953

No importa de dónde vino. Abyecto en todas las formas que no generen deber de pagar con prisión, Etchecopar compendia la resaca espiritual de todos y cada uno de sus seguidores, aun de aquellos que sólo aprecian su perfil de bufón o la mera ostentación de su silueta de gondolero venal entre las múltiples variantes de la miseria.

Al plan fronterizo con la criminalidad de su discurso de execración, Baby aporta un talento singular de empatía con lo negro, lo infame, la ruindad de las aspiraciones totalitarias y de exterminio que todo mediocre significativo comulga. Juega, como los infelices de descarte, con la adopción pretendidamente sabia de una neutralidad que por motivos de calle vincula con la razón, y que le habilita el ejercicio de una crítica tan sólo ilustrada con los desperdicios del día a día. Por eso, sus adictos más frecuentes son también los más iletrados.

Baby Etchecopar despliega una profesión de desprecio discriminatorio por causa de todas las categorías aludidas en cualquier tratado de derechos humanos elementales: nacionalidad, raza, color, sexo, orientación sexual, profesión, nivel educativo, patrimonio, religión, idea o militancia política. En el desempeño de su misión lamentable de agitación emocional relajante, cree encontrarse amparado por el principio de libre de expresión, única garantía constitucional que en su ideario desmadrado entiende vigente, aunque sólo respecto de él y de sus adláteres y cómplices.

La parte más cultural y éticamente deteriorada de la población lo admira porque, alguna vez, se ha tiroteado con tres delincuentes dentro de su propia casa. Para mayores glorias carcelarias, en ese episodio mató a uno de sus atacantes e hirió gravemente a otro. Desde entonces, el lumpen intelectual le ha asignado la cucarda simbólica y patronal de su ideal repulsivo de sociedad policíaca, fuertemente asociada a la idea de violencia institucional y de aplicación irrestricta de la pena capital, incluso a niños expuestos al sistema penal y por delitos de cualquier índole.

Si bien en dos o tres episodios de sus deyecciones televisivas y radiales Etchecopar ha jugado a denostar algún aspecto del gobierno de Mauricio Macri –apelando con histrionismo rentado a aquella medianía imparcial de corte vulgar- en general ha sido contratado para acentuar la grieta a través de la comisión de diversos delitos por medio de la prensa, a cuya perpetración no presta el menor reparo represivo ni la más mínima formulación moral. En este sentido, les ha llenado la cabeza a aquellos que previamente se la vaciaron de libre voluntad, con estándares penitenciarios cada vez más descendentes, postulando modelos que –la historia lo enseña- sólo conducen a la devastación material y subjetiva de cualquier estructura de relaciones.

Como un vendedor de porquerías entronizado en las falsedades de un prestigio autopercibido, lucra con las derivaciones y las posibilidades de una podredumbre ancestral que vive entre nosotros, enquistada en el decálogo de distorsión migratoria y comulgada por un residuo de desventura cultural que le aplaude y valida sus delirios injuriantes.

En otros contextos, estos desquicios guionados eran seguidos por siete locos que se creyeron iniciados; algún tiempo después, se sumaron otros que gozaban burlándose de sus imprecaciones de insania comunicacional. Más adelante, la clase media dolosamente degradada, enfermado su criterio por los manejos efectivos del packaging mediático y emotivo, comenzó a incorporarlo como a aquellos insalubres pintorescos que tienen algo de razón. Con el correr del tiempo, se hizo de toda evidencia que el aparato difusor de Mauricio Macri debía considerarlo como elemento útil a sus pretensiones de envenenamiento: Baby, cada vez más, fue dejando fuera toda posibilidad de censura y actuó onerosamente con la simpleza ponzoñosa de los animales más rudimentarios, y también con su mismo umbral desatado de agresión.

Escudado por la venia espuria de las estructuras corporativas, se enoja cuando alguna crítica vincula su elaboración discursiva con el neonazismo, único molde en el que parecieran encuadrarse sus invectivas desvergonzadas, puestas en acto contra todo aquello que importe un disenso con el ideal impracticable de base racial que sus influenciados festejan.

Diez renglones textuales de los diarios dislates de exclusión por los que cobra bastarían para sospechar la saña con que su enfermedad se manifiesta, las derivaciones dañosas de su accionar irresponsable. Sin embargo, cualquier directiva decente impide constituirse en vía de reproducción y difusión de ninguno de sus excrementos, verdaderos cantos de sirena hábiles para desviar cualquier paso poco convencido por la senda del bien. Con que Macri los haya pagado, tenemos el tenor de su contenido.

Baste saber que, recostado en el halago interesado y en la ignominia ignorante de sus seguidores, quizás Baby Etchecopar haya tenido pereza de conocer la suerte de Julius Streicher, director del periódico de odio El Asaltante durante el período hitleriano y condenado en Nüremberg a la horca. A Streicher, juzgado por la Dignidad, tampoco le bastaron sus protestas de libre expresión: el Tribunal justipreció que la diseminación distorsiva de sus tentaciones de exterminio llevaban dentro de sí la misma reprochabilidad que la que cabía a los ejecutores mismos.

Probablemente Baby, El Ángel de la Basura, reciba de la posteridad el desprecio que corresponde a su decisión voluntaria y plenamente consciente de difundir, sea por el precio que le abonara la degeneración institucional, sea por el impulso hospitalario de sus convicciones envilecidas, el ideal de supremacía prohibido por la virtud más rudimentaria.

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domingo, 1 de diciembre de 2019

"Prontuario de Gabinete": El Rabino BERGMAN


PRONTUARIO DE GABINETE

*Caricatura digital: Andrés Casciani (2019) / Texto: Eddy Whopper

HOY: El Rabino BERGMAN

Nombre completo: Sergio Alejandro BERGMAN
Fecha de nacimiento: 23 de enero de 1962

El Rabino Sergio Bergman, farmacéutico e intelectual del judaísmo, comenzó a ser favorablemente apreciado por la clase media aspiracional durante los picos de vociferación punitivista posteriores a su recuperación económica, acaecida a partir del gobierno de Néstor Carlos Kirchner. En aquellas oportunidades, se plegó al pedido de “mayor seguridad” de los barrios altos del conurbano bonaerense, junto al falso ingeniero Juan Carlos Blumberg, quien por entonces, luego del secuestro y muerte de su hijo, había conseguido una reforma inconstitucional del Código Penal. A tal punto se exhibió Bergman con el usurpador de títulos en la cruzada de aliento al asesinato privado de delincuentes, que no faltaron quienes lo calificaron como “el rabino de Blumberg”.

Este ritmo de exposición -en sintonía con los antivalores comulgados por amplios sectores- se constituyó en faro de atención para la búsqueda de cuadros por parte del macrismo. Fuertemente decidido a recuperarse del traspié electoral de 2003, Mauricio Macri envió emisarios a negociar alguna postulación para incorporar el capital humano que había recogido el religioso con su discurso de castigo. Sin embargo, el rabino decidió testear su real impronta de influencia formando una agrupación llamada “Partido Blanco de la Ciudad”, un espacio decididamente antikirchnerista organizado para captar votos que, en un escenario de balotaje, se inclinaran a favor de lo que ya por entonces se propiciaba como un “cambio”.

Bergman, no obstante, terminó aceptando la propuesta de Macri de liderar la lista para legisladores porteños durante ese mismo 2011. Junto con la reelección de Mauricio en la Jefatura de Gobierno de la ciudad, el religioso fue escogido como primer sacerdote que integraría el cuerpo legislativo de la jurisdicción. Allí formó parte de la Comisión de Ecología, desde donde propició proyectos de “movilidad sustentable” y tratamiento oneroso de escombros y residuos.

Dos años más tarde, su pertenencia ya inseparable al partido amarillo y la continuidad de las propuestas mediáticas a favor de un Estado de Seguridad reforzaron la idea del macrismo de incorporarlo definitivamente a sus filas –en carácter de adalid de la represión- y fue, entonces, listado en primer lugar para diputado nacional por el PRO. El rabino asumió su nuevo cargo en diciembre de 2013. Desde entonces, como parte del plan de futuro gobierno de Mauricio Macri, se encargó de hacer elaborar y presentar diversos proyectos relacionados con la naturaleza, tales como el aumento de “multas ambientales”, la promoción del uso de la bicicleta, la protección de diversas áreas marinas, un proyecto de “tenencia responsable de animales” (que incluía la creación de un registro y la posibilidad del secuestro municipal de mascotas sin dueño) y, muy especialmente –como conducta orgánica- el rechazo al Memorándum de Entendimiento con Irán fomentado por Cristina Fernández para el esclarecimiento de los atentados contra la Embajada de Israel en Buenos Aires y la sede de la AMIA.

Durante este trayecto, Bergman procuró no “entregar” el cúmulo de seguidores a favor de la construcción política de Cambiemos, cuidando su impronta de personalidad “invitada” con predicamento propio, aunque coincidente con los lineamientos macristas.

Esta característica le procuró las facilidades de concreción de una misión pour la galerie consistente en beneficiar (incluso, desde la ocultación) las aspiraciones y la codicia de los sectores de producción primaria, que veían en la preservación de espacios naturales un obstáculo para el desarrollo de su plan económico y su tradición de asentamiento.

En efecto: con el advenimiento de Macri a la presidencia de la Nación, el rabino fue ungido Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable, con el encargo exhibido de, precisamente, cumplir uno de los objetivos mercadotécnicos voceados durante la campaña de sugestión colectiva: “cuidar” la naturaleza y “el medio ambiente”.

Sin embargo, durante sus cuatro años de ejercicio, Bergman ostentó una inhabilidad ostensible para desempeñar su cargo. Prueba de ello es su impericia notoria en la evitación o sofocamiento de los enormes incendios que se produjeron, desde el inicio mismo de su ministerio, en diversos puntos del país. Las Sierras Cordobesas, extensos sectores de Catamarca, el Parque Nacional Los Alerces, las proximidades del Lago Puelo y otros focos fueron devastados por el fuego y, a la vez, ganados para el campo.

Pero fue en La Pampa, un ámbito de tradición peronista, donde más se pudo apreciar la dejadez de Bergman evidenciada al afrontar su responsabilidad liminar de preservación. Entre 2017 y enero de 2018, la provincia perdió por incendios naturales más de 1.100.000 hectáreas, cifra que representa, aproximadamente, el 10 % de su territorio. El fuego alcanzó a cruzar las fronteras con Río Negro y Buenos Aires y afectó, allí, otras 300.000 hectáreas. Bergman sólo viajó a la provincia al regresar de sus vacaciones, un mes después de iniciado el siniestro, con el único fin de “dar aliento a los brigadistas”.

Consultado por el periodismo, el rabino ofreció un perfil de resignación, difundiendo la idea de “aceptar el cambio climático”, en fuerte alineamiento con la política anti-ambientalista norteamericana. Esgrimiendo las armas emocionales que le habilitaba el uso neurocientífico del discurso propiciado por Cambiemos, afirmó que los incendios se habían producido en cumplimiento de “una especie de profecía apocalíptica”, como hilo de coherencia de un discurso que, meses antes, había convocado a que “para el verano, lo más útil que podemos hacer es rezar”.

El “apoyo” a las autoridades y equipos de trabajo en el sofocamiento de la tragedia natural más destructiva de la historia de La Pampa fue tan sólo verbal. Siguiendo las directivas del propio Mauricio Macri –quien frente a las inundaciones acaecidas durante su jefatura de gobierno aseguró que no habría solución inmediata para el problema- el sacerdote manifestó que “estamos en un camino donde no veo en el corto plazo que tengamos la envergadura de lo que necesitamos en el próximo verano”. A su regreso a Buenos Aires, prometió “un plan de infraestructura muy importante que va a ser inédito en el país”, y que jamás se llevó a cabo. Finalmente, tampoco gestionó el envío de ayuda a la provincia para paliar el desastre ni recuperarse de sus consecuencias. Con posterioridad, y hasta enero de 2019, el territorio sufrió la quema de otras 55.000 hectáreas.

Bergman también desactivó su ministerio durante las inundaciones que afectaron diversas partes del país los cuatro años de gobierno macrista. Los fenómenos más notables ocurrieron en la Ciudad de Buenos Aires; en Concordia, Entre Ríos (adonde se dirigió la vicepresidenta Michetti durante diciembre de 2015, por haberse tomado Macri sus primeras vacaciones), en el Chaco, en la provincia de Buenos Aires, en las márgenes de los ríos Iguazú y Paraná y, en general, en todas las zonas de cultivo intensivo e indiscriminado de soja, que genera alteraciones en las condiciones de permeabilidad de los suelos.

El tratamiento televisivo de esas catástrofes desplazó al religioso e interpeló en escenarios pautados al presidente, quien revistió de componentes emocionales la descripción de lo que en verdad emergía como un cúmulo de complicidades con el establishment patricio agropecuario en conexión con el mil-millonario negocio de la producción agroquímica. Así, el primer mandatario explicó que “en este caso [se refería a la provincia de Entre Ríos, a inicios de 2016] hay lugares donde falta el agua y lugares donde sobra el agua”. Al desarrollarse una de las “Marchas del Millón” de su campaña de reelección en 2019, Macri elogió a quienes allí se congregaban a la voz de “encima llueve, esta lluvia es bendición, que nos moje bien. Es Dios que nos está acompañando", al mismo tiempo que esa misma precipitación anegaba enormes sectores del sur y del norte de la Capital Federal. Hacia el final de su mandato, en el Chaco, el presidente hubo de reconocer: “Tendremos que acostumbrarnos a que esto [inundarse] va a pasar en distintas zonas, en distintos lugares del país". Los medios de comunicación, mientras tanto, nada preguntaban a Bergman.

La propia Auditoría General de la Nación ha reconocido que, durante su gestión, en Argentina se ha puesto en riesgo la eco-diversidad, por la reducción del hábitat de las especies naturales. Los factores responsables de este fenómeno son, según la entidad, “la expansión de la frontera agropecuaria, la deforestación, las malas prácticas de manejo ganadero, la introducción de especies exóticas invasoras, el tráfico ilegal y el cambio climático”. Como se viene diciendo, la propuesta ministerial de Bergman ha consistido, respecto de todos estos ocasionantes, en la relajación de índole celestial.

Sea por su ineptitud (entre otras omisiones dolosas, tampoco promovió una política de eliminación de agrotóxicos o de reemplazo o prohibición de cultivos transgénicos), sea al fin de cumplir una directiva de concentración de fuerza para fines represivos, el poder real tomó la decisión de quitar al rabino el control del Plan Nacional de Manejo del Fuego, que pasó a la cartera de Seguridad liderada por Patricia Bullrich. A ello se sumó la reducción jerárquica de su espacio de actuación, que por sugerencia del Fondo Monetario Internacional se degradó a una Secretaría dependiente de la Jefatura de Gabinete de Ministros.

A pesar de la gravedad de estas notas que palmariamente muestran la ausencia de límites del neoliberalismo para hacer cumplir su plan, la gestión del rabino Bergman ha quedado marcada por dos hechos de impacto sensible que lo ubican en un plano de intensa entidad prescindible, como así también de responsabilidad actoral en la construcción de imágenes aptas para la penetración psicológica.

La primera está relacionada con el sentir de los sectores aspiracionales egoístas durante el período de afirmación electoral del macrismo: en septiembre de 2017, el ministro fue filmado “pasando” dos televisores de gran tamaño por la Aduana, proveniente de Santiago de Chile, por entonces paraíso de compras de la cada vez menos pudiente clase media argentina. Luego de la andanada de críticas vertida por canales no hegemónicos, uno de sus allegados informó que los aparatos se donarían a una institución judía, “para proyectos educativos y teleconferencias en la formación de líderes”. La declaración produjo la calma y la aceptación de la base adicta de votantes, que rápidamente olvidó el asunto y dio su apoyo electoral a Cambiemos un mes más tarde.

El segundo episodio de afianzamiento emocional dio la vuelta al mundo. Se trata de una intención de simbolizar la mimetización del Hombre, en sentido responsable, con el medio ambiente. Para la consecución de ese fin, el rabino se presentó durante una de las funciones del Séptimo Festival Internacional de Cine Ambiental, celebrado en Buenos Aires, ataviado con un cobertor plagado de hojas de enredadera. Incluso ingresó al follaje de una enredadera real ubicada en el predio, bajo un cartel del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que rezaba: “Lo mejor que le puede pasar al ambiente, es que pasemos inadvertidos”. La frase se constituyó, con el tiempo, en un símbolo de su gestión y en una metáfora de la incidencia de la “cortina mediática” en la invisibilización de los desvaríos, corrupciones, enriquecimientos, quebrantamientos republicanos y perpetraciones delictivas del gobierno de Mauricio Macri.

No obstante estas nulidades y desempeños titiritescos a favor de la consagración de las ilegalidades del entorno Cambiemos, en algunas indicaciones biográficas se señala a Sergio Bergman como “heredero” de la doctrina de Marshall Meyer, fundador del Movimiento Judío por los Derechos Humanos y miembro de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas. Así lo informó el diario La Nación a mediados de 2007, época en que Bergman se instalaba en el imaginario justiciero de los ámbitos urbanos más o menos escolarizados del país. La mención motivó el envío de un Correo de Lectores a la sazón proveniente de la viuda de Meyer, quien desde su residencia en Estados Unidos se quejó del elogio intencional expuesto en el periódico de los Mitre. Dijo en aquella oportunidad:

“Su diario ha presentado al rabino Sergio Bergman como discípulo de mi difunto esposo, el rabino Marshall Meyer: nada más alejado de la verdad. Le puedo asegurar que los actos y posiciones políticas del rabino Bergman están en las antípodas del pensamiento de Marshall Meyer. A mi esposo le daría vergüenza saber que un rabino como Bergman propuso cambiar la palabra ‘libertad’ por ‘seguridad’ en el himno argentino. Tampoco hubiese aceptado compartir un estrado con Juan Carlos Blumberg mientras anuncia su intención de coartar las libertades individuales.
Quienes conocimos a Marshall sabemos que, como parte de su fe religiosa, estuvo en la Plaza de Mayo junto con las Madres durante la dictadura y visitó cárceles donde recluyeron a Jacobo Timerman y a tantos prisioneros políticos.
Le ruego que deje de utilizar la figura de mi esposo sin conocer ni su obra ni sus verdaderos discípulos.
Naomi Meyer. 209 West 86 St./ New York, EE. UU.”

Hasta su definitiva incursión en el ámbito político, Sergio Bergman había recibido varios premios de importancia. Entre ellos, el Laurel de Plata entregado por el Rotary Club de Buenos Aires y el Konex de Platino al Dirigente Comunitario, compartido con el monseñor Jorge Casaretto, alguna vez sindicado como “presente” en sesiones de tortura durante la última dictadura cívico-militar.

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