miércoles, 8 de abril de 2020
"Prontuario de Gabinete": Héctor MAGNETTO
PRONTUARIO DE GABINETE
*Caricatura digital: Andrés Casciani (2020) / Texto: Eddy Whopper
Hoy: Héctor MAGNETTO
Nombre completo: Héctor Horacio MAGNETTO
Fecha de nacimiento: 9 de julio de 1944
Cuando Roberto Noble murió en 1969, el diario Clarín que había fundado quedó en manos de su esposa ilegal, Ernestina Laura Herrera. Por aquellos años no existía la figura del divorcio vincular: Noble estaba casado y divorciado en México. El matrimonio era válido en Argentina; pero el divorcio, no. La herencia fue discutida durante años por su única hija y por su esposa, a quienes correspondía la totalidad de los bienes de Roberto; pero los jueces argentinos consideraron “inexistente” el vínculo y todo quedó en manos de Ernestina, casada en 1967 con el difunto Noble según un Acta que declara que ambos contrayentes eran “solteros”.
Quien había influido en esta decisión judicial era Héctor Horacio Magnetto, un advenedizo que en 1972, con el periódico en recta descendente, llegó recomendado por el desarrollista Rogelio Julio Frigerio para colaborar en la dirección e, inmediatamente, ganó el favor de la también advenediza Ernestina. Mientras Rogelio pretendía hacer crecer el frondizismo antiperonista que había sido derrocado 10 años antes a través de la manipulación de la opinión pública, Magnetto –por entonces, un joven de 27 años que comulgaba los ideales desarrollistas- vio en el espacio huérfano y en los favores de la viuda una plataforma ilimitada de proyección personal.
La historia de Héctor Magnetto es extremadamente compleja y oscura: no se podrán incluir aquí todos sus pormenores, porque la mayoría se encuentra oculta en la destrucción de pruebas y en la omertá. Cuenta, desde su vida adulta, con al menos uno o más quiebres a la ley por día, una o más intimidaciones, uno o más crímenes, uno o más negociados. Su extraordinaria capacidad, su desencajada ambición y su padeciente carencia psicopática de escrúpulos lo han llevado a convertirse en un aliado incondicional del poder real, del cual él también forma parte.
Todo lo turbio, criminal e impuro que imaginar se pueda ha pasado por la decisión del Hombre de Clarín: desde alianzas con el orden de facto hasta la diseminación masiva de mentiras dañosas; desde la comisión y ocultación de delitos hasta la compra y venta de impunidad; desde la digitación de jueces y fiscales hasta el arreglo negocial del desorden institucional argentino y latinoamericano; desde la generación de monopolios contra legem hasta la encomienda de tortura y el asesinato; desde la exhibición de paraísos hasta el amontonamiento clandestino de cadáveres.
Rápidamente, desde su llegada, Magnetto generó el fortalecimiento financiero de Clarín. Comenzó, para ello, estableciendo líneas de acercamiento con una clase media respecto de la cual había advertido su estado de molicie intelectual. Muy pronto, bajo su gestión, Clarín abandonó el estilo solemne y culturoso de La Nación –que marcaba desde hacía un siglo la marcha discursiva del periodismo local- y se afanó en establecer un vínculo de conexión con las imperfecciones de aquellos sectores medios, asalariados o pequeños cuentapropistas que reconocían ya una tercera o cuarta generación de inmigración semialfabetizada.
El periódico, a partir de su llegada, se inclinó a reflejar las necesidades de comprensión de una enorme caterva que, incluso habiendo abrevado con mayor o menor frecuencia y dedicación en la universidad de masas, quería “leer fácil”. Siguiendo esta impronta, Clarín adoptó elementos que esas clases medias venían cultivando en homenaje a la desvirtud, como la tendencia a la simplificación perversa, la vulgarización de los argumentos de autoridad, la variedad inconexa, la interpretación vecinal de los acontecimientos políticos y la tendencia brutal a la conclusión fundada en la exclusión voluntaria del contexto o del conocimiento, entre muchos otros tópicos de degeneración. Confirió, además, una importancia desmedida a los deportes y en especial al fútbol, que años después se materializaría en la concreción del negociado de su transmisión.
Magnetto inició así un exitosísimo proceso de pauperización intelectual, que reemplazó a los obstáculos institucionales en la admisión del mediopelo en estamentos educativos o de poder, y que generó una obturación de posibilidades de pensamiento que, con el correr de las décadas y el avance de la empresa sobre otros soportes de comunicación, logró condicionar culturalmente la vida y aun las estructuras psíquicas de la abrumadora mayoría de los integrantes de las clases medias y medias-bajas de todo el país. Los avisos clasificados de Clarín, por caso, resumieron durante décadas las apetencias y el afán por el mercadeo mediocrizante de todo un pastiche ecuménico que continuaba bajando de los barcos, y que era tomado por el enorme Magnetto a su favor, como se encauzaría la torpeza desordenada de una vacada por la manga del sacrificio. Las ediciones dominicales –en las que primaban la política sencilla, las propagandas de ofertas en supermercados, los pasatiempos de esfuerzo medio y las guías de cine y televisión- llegaron a superar el millón de ejemplares.
Al menester de la expansión física de la empresa, era necesario el aseguramiento de la dotación permanente de papel. Así Magnetto, a poco de iniciarse la dictadura, acodó el periódico con los propósitos de la Junta Militar, que –también gracias a los manejos del diario- había sido bien recibida por aquellos sectores que constituían el horizonte de manipulación de Clarín.
A cambio de apoyo periodístico, Magnetto pautó con los genocidas el reparto oligopólico de la única empresa productora de pulpa en el país. Para conseguir ese fin, su diario –en complicidad con La Nación y los medios televisivos- vinculó a la familia Graiver –accionista mayoritaria de PAPEL PRENSA S.A.- con la organización Montoneros. Varios de sus miembros fueron instados por las autoridades de facto a vender el paquete accionario; ante la negativa, todos ellos –y muchas otras personas del entorno, como Jacobo Timerman y Lidia Papaleo- fueron detenidos por el Estado terrorista, desaparecidos, torturados y algunos de ellos, asesinados o muertos por incapacidad de tolerar los padecimientos. En cautiverio, fueron obligados a firmar la venta de las acciones. En septiembre de 1978, las autoridades de Clarín –con la dupla Magnetto-Herrera de Noble en primer plano- y de La Nación –encabezados por miembros de la familia Mitre- inauguraron la nueva planta de Papel Prensa, con la presencia de personal militar y la participación del entonces presidente y autor de innumerables delitos de lesa humanidad Jorge Rafael Videla.
Recuperada la democracia en 1983, Magnetto –por entonces, de 39 años- se propuso un largo derrotero: la primera etapa culminaría en 1999 con la formación del Grupo Clarín, uno de cuyos socios iniciales fue la firma inversionista multinacional Goldman Sachs, con sede en Nueva York e influencia central en la política económica mundial.
No obstante que la ley impedía el otorgamiento de licencias de radiodifusión a quienes fueren propietarios o socios de otras empresas de comunicación, Magnetto centró sus energías en la expansión. Con este propósito, envió negociantes a la Casa Rosada; pero el presidente Raúl Alfonsín se negó a modificar la Ley de Radiodifusión vigente y a establecer excepciones. Como resultado, Clarín efectuó una nueva tarea de manipulación periodística tendiente a desacreditar la política y la figura del mandatario radical. Esta acción, coordinada con la de otros empresarios de medios, generó una vorágine de deshonra, calumnia y desconfianza tal que todo el arco empresarial y el mundo financiero terminaron por rebelarse al orden institucional. Alfonsín debió adelantar las elecciones de 1989 y entregar el poder al presidente electo varios meses antes de lo dispuesto por la Constitución Nacional.
El mandatario entrante derogó la normativa que impedía a Magnetto hacerse del abanico comunicacional vernáculo y, ahora sí, el cartel empresario explotó. Artear S.A. ocupó el Canal 13 de televisión y se proyectó hacia la producción de contenidos para TV, cine, radio y teatro. Clarín obtuvo licencia para explotar Radio Mitre, emisora que velozmente destronó a Radio Rivadavia en la preferencia de los oyentes y se ubicó a enorme distancia de la segunda más oída. A través de la comercialización de la operadora de cable Multicanal, Clarín llegó con los años a ser dueño no sólo de Cablevisión –hasta el momento, la empresa con más abonados- sino, además, de decenas de transmisoras diseminadas por todo el país, frente a las cuales los pequeños y medianos emprendimientos no podían competir. A la vez, por intermedio de la empresa Prima S.A., pasó a ofrecer servicios de Internet y a competir fuertemente en ese ramo con las oligopólicas Telefónica de España y Telecom.
En 1999, año en que finalmente se constituyó el Grupo Clarín –del que Héctor Magnetto es titular formal en casi un 30 %- el ya monstruo mediático fogoneó la candidatura de Fernando De la Rúa, presidente al que contribuyó dos años después a derrocar, principalmente por negarse a concederle licencias de explotación telefónica. La participación del Grupo en la plaza especulativa, a esa altura, tenía influencia central en la determinación de las decisiones financieras y enorme gravitación en el mercado de capitales. Magnetto había logrado, a comienzos del milenio, la debilitación de la política como instrumento de gobierno y su reemplazo por la intimidación empresarial.
Mientras tanto, el discurso clarinesco continuaba la misión de chabacanización y vulgarización de una clase media cuya recuperación intelectual resultaba, incluso, clínicamente imposible. Habiendo estimulado la adopción de la superficialidad como una de las formas de la sabiduría y la postulación de la puesta en valor de un presente como verdadera y única filosofía de vida, durante los años posteriores a la debacle del 2001 procuró que esa misma clase media que había contribuido a deteriorar quedara totalmente neutralizada, a través de la generación de contenidos cada vez más coloquiales, insulsos, charlatanes y aun fácil y deliberadamente místicos o emotivos. El público, taladrado sin tregua desde el multifronte Grupo, quedó voluntaria e irremediablemente expuesto a su poder deformante, y hasta el presente es presa consensuada de su voracidad.
Clarín propició en 2003 la postulación de Néstor Kirchner alentada por el presidente provisional Eduardo Duhalde, y concedió una pax de casi cuatro años, a la espera de la reconstitución del mercado, luego de la caída económica y política más profunda de la biografía nacional.
Esta distensión cesó poco antes de finalizado el mandato. Las políticas nacionales y populares llevadas a cabo por el kirchnerismo se daban de bruces contra las aspiraciones abarcativas de Magnetto, quien ya era, además, vocero informal del Departamento de Estado norteamericano y miembro influyente o interlocutor atendible en todas las grandes asociaciones de medios de prensa del mundo.
La política de los Kirchner se propuso desarmar el entramado empresarial de índole monopólica que había tejido el delfín de la señora de Noble, como parte de la revalorización de la política al fin de satisfacer necesidades colectivas, y de la diversificación del mercado en un ámbito de libre competencia. Este propósito derivó en el dictado de una Ley Nacional de Medios Audiovisuales que, entre otras cosas, obligaba a los “multimedios” a desprenderse de las acciones de empresas en aras de la pluralidad de voces y a de la apertura del mercado.
Esto resultó intolerable para el magnate, quien, con el apoyo de la embajada de EE. UU. inició hacia el año 2012 una campaña de calumnias, falsedades, engaños, injurias y anulación de criterios enorme, contaminante, desvirtuosa y perjudicial para la cohesión social que hasta el momento no registraba antecedentes.
Desde un lugar de precisa selección de contenidos y de comunicadores, Magnetto se propuso, con enorme suceso, erosionar la imagen pública de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y de su entorno. Lo logró, a niveles que no sólo superaron las operaciones efectuadas durante los mandatos de Alfonsín y De la Rúa; sino que, además, generaron el fenómeno de sugestión colectiva más eficaz de la historia comunicacional argentina, y quizás uno de los más masivos e importantes del mundo.
Sabedor de los defectos inmanentes de una clase media que por aquellos días había sido rescatada de la miseria gracias a las políticas kirchneristas y que gozaba de una salud económica de privilegio, Magnetto entendió que para el logro de sus fines debía exaltar el agobiante abanico de antivalores que conformaba la estructura de ese sector mayoritario, y que, en gran parte, él mismo había contribuido a florecer y desarrollar.
Llevado por este objetivo, contrató a los mejores y más inescrupulosos comunicadores y redactores, recibió el asesoramiento y la participación de los más certeros especialistas en mercadotecnia, publicidad y aun en otras disciplinas como la sociología, la psiquiatría y la neurociencia; tomó principios que habían sido desarrollados durante los años 1920 y 1930 para instalar y naturalizar el nazismo, el fascismo, el falangismo y el stalinismo; recogió las experiencias estadísticas derivadas de la acción de propaganda implementada por la "Revolución Libertadora" que había derrocado a Juan Domingo Perón en 1995 y, finalmente, instruyó a sus ejecutores para derribar todo concepto incorporado al sentido común y aun toda lógica racional, debiendo utilizar para ello una batería de estimulaciones emocionales de reconocido resultado en experimentos sociales e incluso militares acaecidos en el pasado.
Estos trabajos desembocaron en una rotunda victoria sobre las formas de pensar de un sector que, aunque moralmente degradado desde antaño, fue tan duramente sometido a deformaciones intelectivas y desarticulaciones psíquicas, pudo fácilmente domesticarse y aun hoy continúa siendo pasto para el rumio del poder real.
En efecto: la excitación de la pobreza espiritual de los habitantes en general -y de las clases medias en particular- fueron tales que, sin ninguna prueba racional, más de la mitad de la población llegó a convencerse de que el progreso del país experimentado desde el año 2001 –en el que Argentina había llegado a estar entre los países más pobres del mundo- se había logrado a costa del robo “a todos nosotros” de cientos de miles de millones de dólares; de que la tendencia a la delincuencia tradicional era tal y el volumen de dinero del desfalco tan grande, que la presidenta había ordenado enterrarlo en la intemperie patagónica; de que la soberbia de Cristina Fernández llegaba al punto de que los empleados de la Casa Rosada tenían prohibido mirarla a los ojos; de que el Papa Francisco era comunista y que había sido nombrado gracias a las gestiones de un kirchnerismo internacional que operaba en Cuba, en El Vaticano, en Venezuela y en Irán; de que en las casas particulares de los Kirchner había bóvedas especialmente instaladas para también guardar parte del dinero robado, y tanto Néstor como Cristina gozaban mirando las pilas de billetes; de que Cristina Fernández sufría trastorno bipolar y también una deformación psíquica denominada “Síndrome de Hubris”, consistente en un apego mórbido por el poder; de que su hija de 12 años integraba con ella varias asociaciones ilícitas; de que su hijo adulto ejercía la vagancia jugando a la Play Station, mantenido por el Estado; de que Cristina Fernández había firmado un pacto con Irán para conferir impunidad a los terroristas que intervinieron en las voladuras de la AMIA y de la Embajada de Israel ocurridas veinte años antes; de que los satélites ARSAT I y ARSAT II habían sido enviados a la estratósfera no para cumplir funciones de comunicación, sino para esconder en su estructura parte del dinero robado (algunos, incluso, hasta se han convencido de que en los satélites hay cheques); de que compraba carteras y vestidos millonarios con dinero de los impuestos; de que flirteaba con Vladimir Putin con el fin de articular una alianza con Venezuela, Cuba y tal vez China para instaurar el socialismo o el comunismo en el país; de que los principios de solidaridad social de su gobierno eran en verdad excusas para que, con la plata de todos, se mantuvieran vagos que la votaban; de que le pagaba subsidios a las prostitutas de los obreros y a los presos; de que retribuía a “los negros” con choripanes para que concurrieran a apoyarla a Plaza de Mayo o donde fuere; de que cobraba coimas para conceder permisos de obra pública y por ello digitaba las licitaciones; de que era socia de un contratista venal llamado Lázaro Báez, primer eslabón de una cadena de delincuencial que finalizaba en dinero depositado en las Islas Seychelles, bautizada “La Ruta del Dinero K”; de que regalaba dinero del Estado a personas afines –como Milagro Sala- para que a su vez ellas también lo repartieran según códigos criminales; de que, igual que en Venezuela, en Argentina pronto faltaría el papel higiénico; de que al oponerse a las políticas norteamericanas había logrado su objetivo de “aislarnos del mundo” para perpetuarse en el poder; de que era “mala”; de que no permitía que hubiera vasos de plástico en la cadena Starbucks; de que sus políticas impedían la comercialización de tampones; de que había escondido dinero también en la tumba de su marido, incluso dentro mismo del sarcófago; de que mantenía a la gente en la pobreza para que la siguieran votando; de que entregaba subsidios sin control para la realización de cortometrajes intrascendentes a favoritos corruptos a quienes también cobraba una comisión; de que había llenado el CONICET de falsos científicos que se dedicaban, con plata de nuestro bolsillo, a estudiar la influencia de las revistas infantiles “Anteojito” y “Billiken”; de que había transformado las comisarías en “puertas giratorias” desde donde los criminales entraban y salían, porque esos delincuentes constituían su base electoral; de que el hecho de haber tenido un tumor maligno en el cerebro y no haber renunciado daba muestras de sus ambiciones mesiánicas; de que mató a Néstor Kirchner; de que obligó a pagar sueldos altos a los empleados para que los empresarios quebrasen; de que instauró más feriados no para procurar el bienestar general, sino para fomentar la vagancia; de que las demoras en los vuelos de Aerolíneas Argentinas tenían que ver no con el aumento desmedido de la demanda por el mejoramiento de las condiciones económicas, sino con la mala administración y el robo de repuestos de los aviones, de los cuales también cobraba coimas; de que era la culpable, junto con otros funcionarios, de una tragedia ferroviaria producida por haberse quedado dormido el conductor; de que permitía estudiar “con el dinero de todos” a bolivianos, peruanos, venezolanos y gente de otras nacionalidades como parte de un plan de invasión por parte de la izquierda internacional a costa del esfuerzo de los honestos; de que consumía comida “refinada” durante sus viajes al exterior; de que cada cuna del Plan Qunitas costaba entre veinte y cincuenta veces más de su valor real; de que cada computadora del Plan Conectar Igualdad se adquiría con sobreprecios obscenos y a la postre era vendida ilegalmente por los “negros de mierda”; de que el nivel de exceso que había generado en los “villeros” era tal que con la plata “de todos” éstos se compraban zapatillas y teléfonos celulares, pero seguían teniendo techo de chapa y paredes sin revocar; de que Cristina Fernández le había entregado las fronteras a China; de que impulsaba, organizaba y explotaba el narcotráfico internacional y muchos otros disparates.
El pico más alto de esta andanada se dio cuando Clarín, La Nación y en general el arco mediático hegemónico culparon a la entonces presidenta de haber mandado asesinar al fiscal Alberto Nisman, por medio de un comando cubano-venezolano-kurdo e iraní especialmente entrenado. La clase media, por aquellos días –enero de 2015- estaba tan voluntaria y absolutamente obturada en su capacidad de inteligir que incorporó sin crítica alguna la idea. Magnetto se encargó de confirmar estas alucinaciones, ordenando organizar una marcha en la que participaron jueces, fiscales y personal del gremio de los trabajadores del Poder Judicial. Quienes impartían Justicia, televisados por las cámaras del Grupo, marcharon en reclamo de… que se impartiera Justicia. Ninguno de los sugestionados advirtió esta sinrazón.
Mauricio Macri, finalmente, ganó las elecciones de 2015. La estrategia emocional le había ganado a la Batalla Cultural. Inmediatamente, el jefe del estudio de abogados que atiende los casos del Grupo Clarín fue designado Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el más alto tribunal del país. Otros jueces resultaron también contratados: entre ellos, Julián Ercolini, que lo sobreseyó en el año 2016 por la causa “Papel Prensa”. Decenas de tribunales consideraron como motivos suficientes para impulsar causas contra el kirchnerismo las “noticias” aparecidas en Clarín y las “investigaciones” venales llevadas a cabo por los periodistas pagados en los canales del Grupo.
Tanto Clarín como La Nación ocultaron –y continúan haciéndolo- las acciones delictivas de Mauricio Macri en el manejo empresarial del Estado; en especial, ocultaron y desinformaron respecto de las implicancias del affaire “Panama Papers”, de los desmanejos económicos y financieros llevados a cabo por el Estado, de los abusos policiales que generaron un muerto cada 22 horas durante cuatro años, de las políticas de reducción de gastos en educación, ciencia y salud; de las concesiones de exploración y explotación petrolera a empresas británicas en la Cuenca Occidental Malvinas; de la instalación de bases norteamericanas en las fronteras de todo el país; de la toma indiscriminada de deuda; de la fuga de dinero estatal hacia arcas privadas en entidades del exterior y en paraísos fiscales; de la entrega de recursos soberanos y del vaciamiento de los bancos públicos.
El Grupo Clarín, durante el macrismo, logró el control de la empresa Telecom a partir de su fusión con Cablevisión, empresa del grupo, con lo cual obtuvo el 33 % de su paquete accionario, operación que la Ley Federal de Medios prohibía.
Por lo demás, el “multimedios” es dueño o controlante, hoy, de periódicos -Clarín, Los Andes (Mendoza), MDZ (Mendoza), La Voz del Interior (Córdoba) y 9 publicaciones nacionales pertenecientes a AGEA S.A.-; de la editora de manuales escolares Tinta Fresca S.A.; de una editora de diarios que opera en el Litoral (Voz Activa S.A.); de las productoras de contenidos audiovisuales Artear S.A. (dueña de Canal 13, Canal 13 Satelital, TN, Ciudad Magazine, Canal Metro, Canal Volver, Quiero Música en mi Idioma, Canal (á) y América Sports), además de Pol-ka S.A., Patagonik Film, Bariloche TV, Telecor S.A., Canal 10 de Río Negro, Canal 9 Televida de Mendoza, Canal 7 de Bahía Blanca, Canal Rural Satelital, Auto Sports S.A. (emisora de “Carburando”), TyC Sports, TyC Sports Internacional; de las empresas de contenidos digitales Clawi S.A., Interwa S.A., Tecnología Digital S.A. y CMD S.A.; Direct TV S.A. y Radio Mitre (que repite en Córdoba y Mendoza). Es dueña, también, de más de 200 (DOSCIENTAS) empresas de televisión por cable en todo el país, tres canales de televisión en Paraguay (Grupo “Tigo”) y cinco emisoras de FM en Tucumán, Bahía Blanca, Bariloche y Santa Fe; además del 50 % de Papel Prensa S.A. Durante el macrismo, obtuvo un permiso de explotación de transmisiones por “streaming”. Bajo su influencia, se encarceló a los dueños de C5N, el único canal generador de discurso opositor a las políticas neoliberales de la Administración Macri.
Héctor Magnetto sobrevivió dos veces al cáncer
*Galería y textos completos: https://prontuariodegabinete.blogspot.com/
martes, 31 de marzo de 2020
"Joaquín Aldeguer"
"Joaquín Aldeguer"
- Caricatura digital por Andrés Casciani (2020)
*No se pierdan los trabajos de este admirado colega, verdadero Maestro de la caricatura minimalista sintético-conceptual: https://www.facebook.com/joaquin.aldeguer
*Este posteo es una tardía respuesta a un "Caricature Exchange" en que Joaquín me retrató (año 2013):
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domingo, 29 de marzo de 2020
Luz Arremolina Lacroze
"Luz Arremolina Lacroze"
. Caricatura digital por Andrés Casciani (2020)
"¿Qué podría ser más excitante que enviar a mi amigo Jaime Stiusso a hacerle una visita al señorito Andrés Casciani, para ofrecerle una de esas propuestas "que no se pueden rechazar"? Nada como ser una darwinista Neoliberal y que tu foto de perfil sea creación de uno de los artistas visuales más potentes del país, populista, y que como cereza de la torta, pertenezca al staff de Revista Barcelona. Aprendan lo que es tener PODER, choritíteres y peronachirus".
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jueves, 19 de marzo de 2020
"20 años no es nada" - Revista Zero
"20 años no es nada - Un Gato en la Ciudad" caricatura digital de Cristina Fernández de Kirchner por Andrés Casciani para la sección de Roly Gimenez sobre los 20 años de Revista Zero y su contexto histórico nacional y provincial (Revista Zero, Mendoza, junio de 2019)
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martes, 17 de marzo de 2020
"La Batea: Peluson of Milk"
"La Batea" - Tapas de discos interpretadas por Andrés Casciani
"Peluson of Milk" (Luis Alberto Spinetta - 1991)
.Acrílico sobre lienzo / 33 x 33 cms / 2020
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jueves, 5 de marzo de 2020
"Prontuario de Gabinete": Margarita STOLBIZER
PRONTUARIO DE GABINETE
*Caricatura digital: Andrés Casciani (2020) / Texto: Eddy Whopper
Sección: "Partícipes Necesarios"
Hoy: Margarita Rosa STOLBIZER
En tu nombre florido se enuncia
Hoy por hoy el patriótico oficio
De prestar vocación de servicio
Al clarín que demanda: ¡Denuncia!
Oh, mentora del tribunalicio
Trajinar de cien mil imputados…
Bien sabemos que tú ya has ganado
Ayudando a ganar a Mauricio.
Justo Azote del mal kirchnerista:
A pesar del favor mediopelo
¡Mal pagado se encuentra tu celo!
Tu combate antirreeleccionista
Sin embargo ha tenido, Stolbizer
El vigor de una pila Energizer.
*Galería y textos completos: https://prontuariodegabinete.blogspot.com/
domingo, 1 de marzo de 2020
"Prontuario de Gabinete": Juan José CAMPANELLA
PRONTUARIO DE GABINETE
*Caricatura digital: Andrés Casciani (2020) / Texto: Eddy Whopper
Sección "Partícipes Necesarios"
Hoy: Juan José CAMPANELLA
TOMA 1:
Nombre completo: Juan José Campanella
Fecha de Nacimiento: 19 de julio de 1959
TOMA 13:
Cuando Campanella recibió el Oscar a la Mejor Película en Idioma Extranjero que la Academia norteamericana decidió para “El Secreto de sus Ojos”, asumió una postura de falsa gracia genuflexa, de sonrisa frente a sus propios límites de versación en el inglés, de esfuerzo desmedido por congraciar al poderoso. “Oh, yeah, the countdown. Ammmm…”.
Por entonces, ya había sido nominada “El Hijo de la Novia”, un monumento telenovelístico de lograda intención “canto a la vida” bajo su dirección, que la clase media aplaudió y lloró; y a partir del cual comenzó a generar una línea de identificación y devoción con sus productos.
Entre ambas películas, dirigió “Luna de Avellaneda”, flor de fango que el mediopelo vivió con un ímpetu –mientras recuperaba su derecho a comer a través de “su propio esfuerzo” y de las políticas implementadas por Néstor Kirchner- asombrosamente cargado de furia contra las corporaciones y un sistema de agobio estatal que impedían que un humilde club de barrio continuara existiendo. Esa misma clase media, diez años más tarde, callaría frente a la verdadera desaparición de las entidades deportivas y sociales vecinales, generadas por el aumento y la dolarización de las tarifas de electricidad y gas, que decuplicaron los gastos fijos de esas instituciones. Campanella también calló.
TOMA 17:
No obstante esta vocación por comunicar simplezas impresionables, Juan José Campanella es uno de los personajes más lúcidos y prolijos de la cinematografía argentina. No sólo contribuyó a afianzar la “estética Pol-Ka” –dirigida al alma del clasemedia de manual- sino que, además, respondió con suma eficacia y dinero del establishment a la concepción “barata” del llamado “Nuevo Cine Argentino”, surgido a partir de “Pizza, Birra, Faso” con la necesidad de expresar más al menor costo.
La impronta campanellista guarda ciertas afinidades y coherencias con la línea comunicacional que exalta los esplendores de los supermercados y las propagandas bancarias de créditos para el asalariado. Desde ese mangrullo, Juan José es un caballo que paga dos pesos a la hora de conquistar el deseo y zarandear la estantería anímica de los viejos aficionados a las tiendas de “Todo por Dos Pesos”.
Por lo demás, es un profesional que ha descollado en el ámbito televisivo; especialmente en Estados Unidos, donde tuvo a su cargo –entre muchísimos capítulos de otras series- la dirección de cinco episodios de “Doctor House” y diecisiete de “La Ley y el Orden”.
El aclamado director sabe qué hacer cuando el presupuesto es cuantioso.
TOMA 22:
La primera mandataria había tenido la deferencia de invitarlo a su despacho en ocasión de la recepción del Oscar. Campanella fue, sonrió y se dejó fotografiar. Incluso, parte de su ensalada tibia de arquetipos vendibles –a la que salva la excelsa actuación del también macrista Guillermo Francella- fue pagada con fondos públicos. Sin embargo, tales exhibidas capacidades que exceden la media condujeron a sus contratantes del poder real a sugerirle la formulación de críticas de impacto a la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, con el fin de captar el criterio del mediopelo. Campanella parece haber aceptado.
“Todo lo malo, inmoral o falto de ética, cuando lo ejerce el estado es doble falta”, declaró tibiamente en febrero de 2013, en pleno inicio de la campaña de sugestión emocional colectiva que daría sus frutos electorales en 2015.
Un año después agregaría, ya más sostenido por la andanada catódica, en un programa de Canal 13 y en plena campaña de sugestión emocional colectiva:: "No importa que te llenés la boca con grandes políticas, con grandes palabras, con grandes discursos, con los que yo estoy de acuerdo, pero el problema es que no los creo ya. Allí, según diversos medios periodísticos, “admitió que evita ver a la jefa de Estado por cadena nacional porque le parece ‘frustrante’ y a veces… ¡le impide dormir!” (los signos de admiración no figuran en el original).
Luego de recibir el premio Goya por su película “Metegol”, confesó ante la prensa que “Hay una bola de violencia emocional, estoy empezando a tener miedo y me está asustando. A mí me da mucho miedo en el futuro, porque están en un momento declinante, pero siento que en vez de hacer como se hace en la vejez, como es la sabiduría, se aferran a lo poco que tienen y redoblan la apuesta". Un año después, confirmaría esta sensación pública en un tweet que tuvo que eliminar por sugerencia de sus abogados: “Nos gastan con el 'Ah, le tienen miedo'. ¡Obvio! Se robó un PBI, nos llenó de paco y se cargó un fiscal. Hasta Terminator le tendría miedo".
Por la misma época, sus pagadores le ordenaron incursionar en la filatelia kirchnerista. En su cuenta de Twitter, publicó: "La ‘década ganada’: al que inventó ese slogan imbécil tendrían que echarlo, pero ellos van y hacen estampillas. La década sloganeada".
A pocos días de las elecciones de 2015, Campanella denunció frente a las cámaras de los medios hegemónicos que el gobierno de Cristina Fernández “nos deja un fiscal muerto, una grieta, familias que ya no se juntan por pensar diferente, más pobreza, deterioro en la educación y un retroceso en la democracia", sin explicar cómo ni por qué. La clase media, fuera del eje de la racionalidad y absolutamente bombardeada por el poder real –que buscaba nuevamente someterla- observaba, sin embargo, e incorporaba.
Su red social cada vez interpelaba más a la debilidad estructural de su público: “¿Vos te hacés cargo de los pobres escondidos? ¿De los muertos de Once (…)? No sos ingenuo. Sos cómplice”.
A pesar de publicitarse en un lugar neutral –como más aprecia el mediocre de a pie- y postular su adhesión a la candidatura de Margarita Stolbizer, en aquellas vísperas dijo que “Solo hay dos melodías, Kirchnerismo y Cambiemos. Todo lo demás es ruido. Votá en 1era. como si fuera balotaje. O puede no haberlo”. A la vez, en el programa “La Cornisa” de Luis Majul, sembró la duda razonable a sus sugestionados, como aporte a la confusión y excitación del alma de los apocados: “Creo que, con Daniel Scioli, no sabemos quién va a gobernar. Tienen que decirnos si la elección es Macri-Scioli, o Macri-Cristina”.
Hay mucho más: muchísimo más. Basta tener tiempo y paciencia e ingresar a su cuenta de Twitter y a las noticias de la época, para advertir su participación en la entrada de la locura en la vida de todas las personas de bien. Campanella fue promotor central de la exaltación de esa insania mediática, en su carácter de hablante a quien invisiblemente los dueños de la Argentina, y luego explícita y grotescamente los manipulados aspiracionales, habían dotado de competencia y garantía de validez argumental de sus opiniones, como a muchos otros perversos.
La locura llegaba, enfocada también por el visor de Campanella, para quedarse por largos años.
TOMA 50:
Cuando faltó el pan en Argentina, luego del advenimiento del Macrismo y la implantación del mismo modelo de extracción financiera que había provocado las crisis de 1981, 1989 y 2001, Campanella fue un público defensor de las políticas neoliberales implementadas por Mauricio Macri y su entorno de CEOs.
No sólo eso. También apoyó las prácticas antidemocráticas desplegadas por el Partido Judicial para perseguir a funcionarios del kirchnerismo. En una entrevista que en la radio oficial Mitre le hiciera la periodista adicta Cristina Pérez, dijo respecto de la llamada “Causa de las Fotocopias de los Cuadernos”: “Si estos cuadernos aparecían hace tres años, hubieran sido noticia durante una semana únicamente. Y pasaba desapercibido (…). Sabemos que los cuadernos no eran elemento probatorio, pero sirvió para probarlo todo porque creo que estos muchachos que se están presentando, y que fueron impunes toda la vida, estarán bien asesorados por abogados muy caros que les dicen que se presenten porque les conviene”. A la vez, aseguraba: “Si todo sigue así, lo votaré de nuevo en el 2019, más convencido aún que en el 2015. Le pongo mucha prioridad a este tema de la corrupción”.
Y en 2019, publicó junto con otros “intelectuales y personalidades de la cultura” un opúsculo titulado “Por qué votamos Juntos por el Cambio”, en el que mintió que “el gobierno de Mauricio Macri respetó la división de poderes y se abstuvo de utilizar las herramientas del Estado para fines partidarios”; expresó sin conexión con la verdad que hasta el 2015 el país estaba “devastado” (como le gustaba considerar al mediopelo); aseguró falsamente que “Argentina era un país marginal cuyos vínculos más sólidos privilegiaban a la Venezuela de Nicolás Maduro, a Irán y a otros Estados condenados por la comunidad internacional por complicidades con el terrorismo y por violaciones a los Derechos Humanos”; faltó a la verdad fantaseando que durante el gobierno de Macri se verificó un “aumento de las transferencias automáticas a las provincias, con el respeto al mandato de la ley y de los fallos judiciales”; engañó a la población al afirmar que, bajo la forma macrista de administrar, “el trabajo coordinado entre Nación y provincias no se basa en presiones políticas extorsivas o conveniencias coyunturales”; y concluyó asegurando con conciencia de estar mintiendo que la política macrista “apunta al desarrollo integral de la Nación”.
TOMA 72:
La sorpresa que conmovió la entereza espiritual de los partidarios emocionales del macrismo fue la derrota de Cambiemos en las PASO de agosto de 2019.
En ese trance, el cineasta explotó. Descontextuando los planos históricos, advirtió que “Toda mi vida la puedo enmarcar en lo que fueron internas del peronismo. La Triple A y los Montoneros, Vandor y los otros, realmente son siempre con mucha violencia y es una cosa que puede ser desastrosa”. Respecto del triunfo de la fórmula Fernández – Fernández, dijo: “Sabemos que esto es un matrimonio de conveniencia y hay dos posibilidades. O que realmente la que gobierne sea Cristina y Alberto se someta a sus deseos, o que se arme un despelote ahí adentro por la lucha de poderes que vamos a sufrir todos”.
Entre agosto y octubre de 2019, convocó a marchas y se esforzó por evidenciar que el país iba a “volver al pasado”. Le habló a los “indecisos que dieron vuelta su voto”, a quienes definió como “aquellos que piensen igual que nosotros en cuanto a la catadura moral de esta gente e igual los vote”. Anunció la instauración de un nuevo estado de violencia estatal y de una nueva tiranía en la que no se permitiría el disenso. Fue fiscal de Cambiemos en todos los comicios y difundió sus fotografías en la mesa, en tiempo real.
No alcanzó: el Frente de Todos venció en las elecciones generales del 27 de octubre de 2019, sin necesidad de ballotage
TOMA 97 - FINALE:
En una entrevista a un medio chileno, Juan José Campanella confesó: “Estoy podrido de la modernidad, de películas que no emocionan, que no te hacen reír ni llorar. Hay como una tendencia a la medianía para pasar el rato”.
Lo cierto es que, fiel a su militancia neoliberal, el director ha sido un efectista de la emoción, que ha matizado sus producciones con el mismo cotillón protocultural que la clase media en general consumía antes de quedar su criterio exterminado del todo, precisamente por obra de hacedores protoculturales como Campanella.
No se descarta que, por tal motivo, el macrismo lo haya convocado para sus teatralizaciones y puestas en escena, como ha hecho con la totalidad de sus perpetradores.
Por ese devenir de farsas y contrafarsas, por su apoyo público al macrismo en carácter de referente intelectual de un programa dirigido a la destrucción del acceso a la alimentación y a la cultura, por la estructuración voluntaria de espacios de legitimación de la crítica infundada, por contribuir a la banalización de la crueldad, por difundir el desiderata neoliberal haciendo pasar esas propagaciones dañosas como manifestaciones inocuas del ejercicio de la libertad de expresión; por ser impulsor ideológico de un orden de exclusión y por haber colaborado activamente en la instalación, sostén y vocación de perpetuación del sistema de exterminio implantado por el macrismo y sus adherentes, Juan José Campanella es partícipe necesario en este Prontuario de Gabinete, galería de responsables del régimen político-económico-institucional más moralmente repudiable en lo que va del siglo, y uno de los más dañosos y despreocupados por la dignidad intrínseca del hombre en toda la historia nacional.
*Galería y textos completos: https://prontuariodegabinete.blogspot.com/
sábado, 29 de febrero de 2020
Quino
"Quino y La Criatura"
*Caricatura por Andrés Casciani
Collage, acrìlico y tinta sobre papel, 21 x 31 cms cada carilla (2020)
andrescasciani.com
martes, 25 de febrero de 2020
"Prontuario de Gabinete": Fernando IGLESIAS
PRONTUARIO DE GABINETE
*Caricatura digital: Andrés Casciani (2020) / Texto: Eddy Whopper
Sección "Partícipes Necesarios"
Hoy: Fernando IGLESIAS
Nombre Completo: Fernando Adolfo Iglesias
Fecha de Nacimiento: 14 de mayo de 1957
Si algo diferencia a Fernando Iglesias de “Baby” Etchecopar es algún acercamiento a la lectura de doctrinas más o menos resumidas y el ejercicio de profesiones diversas y no meramente predicadas, detalle que le da a sus enunciados cierto color de acercamiento con lo informado. Iglesias, debe tenerse presente, fue durante los primeros setentas un trotskista de fuste: por aquellos años, no se entendía la izquierda sin versación en alguna literatura surgida de la universidad de masas.
Exiliado por sus vinculaciones políticas y sus imposibilidades económicas, en Italia entrenó un equipo de vóley de segunda división: allí dijo haber sufrido presiones provenientes de la mafia.
Ya en el entorno de la cuarentena, regresó a la Argentina y estudió en el Taller Escuela Agencia (TEA), una institución que impulsaba la profesionalización del “nuevo periodismo”, enmarcada, entre otros contextos, en la revolución comunicacional que había generado el diario lanatista Página/12. Según algunas citas biográficas, trabajó como conductor de camiones, enseñó a bailar el tango y también, aparentemente, habría impartido clases de italiano y alguna otra lengua.
Afianzado en el periodismo y en el estudio autodidacta del fenómeno de la globalización –en tiempos en que no existían los tutoriales de Youtube- Fernando fue contratado para escribir sueltos en los principales diarios argentinos, en productos de la Editorial Perfil y en los resabios revisteriles que prolongaron el proyecto de la malograda "Veintiuno".
En estas plataformas, Iglesias comenzó a desplegar –si bien moderado por las exigencias de sus patrones- un incipiente rosario de diatribas antiperonistas, efervescencias pendientes de su primer discurso soviético, ahora libres de la pobreza de la militancia y fuertemente solventadas por el aparato comunicacional enriquecido por el poder real.
Movido por su vocación de variedades, decidió abrazar formalmente el ejercicio partidario. A ese efecto, fue paulatinamente escondiendo el elefante de su vieja subversión en la plaza del pueblo: la democracia capitalista le dio el ámbito de estridencia amigable con sus agujeros de ilustración y la insuficiencia de sus capacidades argumentativas, que con incesante cerumen le taponaban las necesidades de expresión.
Una cosa fue trayendo la otra (se distinguió como diputado por la lista de “Lilita” Carrió entre 2007 y 2011), hasta que, un día, la misma derecha contra la cual su ideología de base encendía fuegos de artificio lo tentó con el poder y la gloria: habiendo gritado a los cuatro vientos su ira moral contra el peronismo en general y el kirchnerismo en particular, Fernando se unió a las filas del neoliberalismo y fue incluido tercero en la lista de Cambiemos para las elecciones del año 2017, quizás a pago de sus labores de sugestión periodística en todos los medios hegemónicos.
Aliado a quien otrora fuera el “chancho burgués”, en su acción parlamentaria Iglesias se dedicó con ahínco a batallar por la institucionalidad y la decencia a través, sobre todo, de un voraz desempeño en la red social Twitter.
En este sacerdocio, el diputado del cambio –elegido por más del 50 % del electorado porteño- echó mano de los tres estamentos del humor sugerente: la ironía, el sarcasmo, la mordacidad. Abundan en sus enunciados virtuales gritos de seriedad doctrinaria como “badulaque kirchneroide”, “patria sí; Peronia, no”; “contala como quieras, kumpa”; referencias a “los que la tienen enterrada en bolsas con billetes de quinientos euros en la Patagonia”; menciones a que “Alberto Fernández se pone como lacaaa”; consejos relativos a que “si vas a ser el pelotudo del año, tenés que hacerlo bien”; “contate el de Jaimito cuando va a la Unidad Básica creyendo que es una panadería”; “te pusiste la gorra kirchnerista”; “qué vergüenza es ser kirchnerista” y muchísimas otras. Su cuenta tiene, a febrero de 2020, más de 122.000 tuits.
Con estas herramientas discursivas, defendió los “tarifazos” implementados por el macrismo y la obscena toma de deuda, siempre conectando sus conclusiones con alguna referencia insultante a los gobiernos de Juan Domingo Perón, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Fernández; criticó la iniciativa del varias veces postulado al Premio Nobel de la Paz Juan Carr de albergar gente en situación de calle en estadios de fútbol, bajo la pretensión de ser “una opereta del kirchnerismo”; se burló del estado de salud de Florencia Kirchner, hija de la ex Presidenta de la Nación; apoyó todos y cada uno de los exabruptos de su otrora mentora Elisa Carrió; se mofó del asesinato de Santiago Maldonado por parte de la Gendarmería macrista y se pronunció favorablemente acerca de cada acto de represión policial ordenado por sus jefes políticos.
Mientras tanto, fue escribiendo libros. Su primera, audaz y alborada "República de la Tierra-Globalización: el fin de las Modernidades Nacionales" (que nació con el milenio) prenuncia las fatales confirmaciones de "Twin Towers: el colapso de los estados nacionales" (2002) y las desorientaciones gnósticas de "¿Qué significa hoy ser de izquierda?" (2004); para, ya en forma contundente, proponer un Nuevo Orden Político que aúne a todas las Repúblicas de bien a través del aún no suficientemente debatido, escrutado e incluso vendido "Globalizar la Democracia - Por un Parlamento Mundial" (2006).
Ya en tiempos de su primera diputación, el profesor Iglesias publicó el disruptivo "Kirchner y yo – Por qué no soy kirchnerista" (2007), en el que prima el lenguaje directo, libre de todo ornato devenido de las cuestionables imposiciones de la escolarización. Las exigencias de sus labores parlamentarias le demandaron un patriótico impasse de producción literaria; no obstante, vencido por las fuerzas de una interminable pasión comunicacional, volvió a abrevar en la alta misión de construir una epistemología filosófica de la informática: dio así a luz "La modernidad global: una revolución copernicana en los asuntos humanos (2011)", injustamente ignorado por las élites sociológicas y por el público en general.
Esta impronta relativista se repite en "La cuestión Malvinas: crítica del nacionalismo argentino" (2012), obra quizás exenta de mayores méritos, pero ciertamente contemporánea al inicio de la campaña de exaltación de antivalores onerosamente emprendida por el macrismo. En este sentido, su grano de arena conllevaba el norte ambicioso de perpetrar la fumigación de la argentinidad simbólica, contaminación que tuvo su pico máximo en la inclusión de imágenes de peluches en los billetes de uso corriente.
Sus dos últimos trabajos -"Es el peronismo, estúpido", publicado en pleno 2015; y "La Década Sakeada", de 2016- dan cuenta de su campeo por una arena decidida y venturosa, teatro gramatical donde la concisión párrafo se subordina al fin de la estocada belicosa y certera, a los trabajos suburbanos anejos al triunfo de las ideas, a las protestas de virilidad que impone la ejecución de toda empresa de orden y progreso, a sus aportes para la edificación de un modelo de ciudadano íntegro. Objetivos que, por cierto, Iglesias aún no ha alcanzado.
Así como gran parte de la clase media escogió voluntariamente el camino de la mediocridad para construirse y perpetuarse, Fernando Iglesias parece querer ser malo, desafiando con ello, quizás, su destino último de buen profesor de gimnasia. Su fanatismo hoy legislativamente encauzado –que, sin embargo, penetra con gusto en la percepción del público macrista- recuerda los desvaríos de la trabajadora social Marta Ezcurra, elemento de la Revolución Fusiladora encargado, entre otras cosas, de destruir los bancos de sangre de los hospitales por considerarla “sangre peronista”.
Sin embargo, y hasta quizás como ejercicio de morbo intelectual, es vivamente recomendable pasear cada tanto por las manifestaciones verbales y escritas de Fernando Iglesias. A la distancia, levantan un amontonadero imparable de elaboraciones de aspiración incisiva tan petulantes y tan sumamente graciosas que, dichas en contexto de "stand-up", serían un éxito; si es que no formaran parte del desiderata de uno de esos ex revolucionarios arquetípicos y actuales alcahuetes atados a las veleidades del poder, de los que hubo para lamentar en todas las épocas.
A Iglesias, grotesco esencial, le sobra desvergüenza para exhibirse, por lo que ha sido un protagonista destacado en la tarea de penetración psicológica asumida por el macrismo con el objeto de hacerse del poder formal. Para predecir su futuro, sólo haría falta saber si la derecha neoliberal vernácula estará dispuesta a renovarle el contrato de partenaire.
Y es que, al igual que a la clase media macrista que ha contribuido a estupidizar, el porvenir y la integridad material y espiritual de Iglesias dependen del capricho de sus jefes.
Como los monos, ni él ni sus sugestionados pueden hacer gran cosa con el dedo pulgar, y por ello son las posibilidades de otros, más evolucionados, las que rigen sus acciones y deciden sobre su dignidad.
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lunes, 24 de febrero de 2020
Nora Cortiñas
"Los dichos de Fernández sobre la dictadura son un gesto negacionista.
No tenía ninguna necesidad de decir una cosa semejante. Es un gesto negacionista. De acá en más ya sabemos como tenemos que seguir, como lo hicimos siempre, en las calles reclamando por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Nosotros no vamos a dar vuelta la página".
(Nora Cortiñas, 22/2/20)
* Retrato por Andrés Casciani
- Tiza pastel y lápices sobre papel - 21 x 29 cms (2020)
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Nunca Más,
política
sábado, 22 de febrero de 2020
"Prontuario de Gabinete": Eduardo FEINMANN
PRONTUARIO DE GABINETE
*Caricatura digital: Andrés Casciani (2020) / Texto: Eddy Whopper
Sección "PARTÍCIPES NECESARIOS"
Hoy: Eduardo FEINMANN
Su impronta principal de moralista
Propicia la moral de lo social
Y así, por no ser sólo nacional,
Feinmann es nacional y socialista.
En su programa de orden societario
Echando mano de determinismos
Feinmann exalta el fundamentalismo
Que alimenta el sentir del orden ario.
Pagados sus trabajos con usura
Por el partido de Ojos Azulados
La virtud inmanente a la blancura
Toma la forma de comunicados.
Comunica el macrismo en forma pura
Eduardo, neonazi tolerado.
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jueves, 20 de febrero de 2020
"Prontuario de Gabinete": Santiago DEL MORO
PRONTUARIO DE GABINETE
*Caricatura digital: Andrés Casciani (2019) - Texto: Eddy Whopper
Sección: "PARTÍCIPES NECESARIOS"
Hoy: Santiago DEL MORO
Nombre completo: Santiago Pascual DEL MORO
Fecha de nacimiento: 9 de febrero de 1978
La sensación de superficialidad aséptica que transmite Santiago del Moro fue sumamente aprovechada por los programadores de la acción de marketing comunicacional macrista, para llevar a cabo sus fines de penetración sugestiva.
El público lo conoció a los 20 años, a fines de la década de 1990, como conductor de programas para adolescentes en la filial de la canadiense MuchMusic, una señal de televisión por cable dedicada a la difusión de música comercial con arraigo en la banalidad y en la omisión explícita de todo aquello que importe alguna forma de compromiso -siquiera mínima- con cualquier sistema de ideas.
Los programas en los que participó recibieron nombres decididamente exentos de vinculación con lo esencial, aunque claramente amigables con lo invisible: "Flow", "Countdown", "De Cerca" (cuya más recordada emisión fue protagonizada por el grupo para niños y post-púberes Erreway).
Con posterioridad, Santiago se dedicó al mismo cotilleo de la farándula vernácula que en su tiempo habían menudeado la Tía Valentina del programa "Buenas Tardes, Mucho Gusto"; el chimentero Luis Pedro Toni, mención obligada en los magazines del tirano popular y chabacano intencional oneroso Gerardo Sofovich; el correveidile uruguayo y vespertino Lucho Avilés, creador del tanque gerontológico "Indiscreciones"; y el entonces pasatista Jorge Rial, quien, antes de ser contratado por el duhaldismo, refería únicamente liviandades del entorno TV al estilo desvergonzado, de falsa estudiantina y abultada carga de excesos de la noche empresaria que perfilaron los primeros años de adolescencia tardía e irresponsable de "Videomatch".
Acumuladas sus performances de líder insustancial en los vanos "Infama" e "Intratables" –que abarcaron, sumados y aun superpuestos, una década entera- Del Moro fue seleccionado por el macrismo para acentuar la difusión del prototipo de un nuevo vecino que, desde la franqueza del “buen ignorante”, decidía dar la espalda a las creaciones de un sentido común “intoxicado por la política” y poner en valor las verdades sencillas de una clase media “laburante” e “indignada”.
Intratables, un tinglado de habladurías sobre la comedia local, fue precisamente el espacio elegido por los especialistas en comunicación del macrismo para exponer una interpelación deslenguada a la comunidad política, desde la mediocridad revalorizada.
Ninguno de los “panelistas” de Intratables tenía especial versación sobre alguna cosa; como correlato, ninguna de las batallas verbales que a los gritos se prodigaban aquellos ganapanes, administradas desde la pureza racial por Santiago, aportaba objetivamente más elementos que una pelea cualquiera entre compadres rústicos o comadronas exaltadas.
Prendidos al vértigo del “minuto a minuto”, operadores pagos y más o menos psicópatas dictaban instrucciones a los participantes a través de las “cucarachas” –pequeños micrófonos insertados violenta y directamente en el canal auricular del provocador- y así, en el fragor de la batahola iracunda, toda verdad quedaba relativizada, a favor de la profundización de las distancias entre el "kirchnerismo corrupto" y el "cambio honesto".
Este sostén conventillero, estetizado para imitar los niveles que la clase media cree que tienen las licencias orgiásticas de los ricos, fue ávidamente consumido por un público que aceptó la propia extinción de su capacidad crítica y que, además, generó canales de identificación con las pobrezas objetivas de los planteos propuestos por el asalariado Del Moro.
El pico máximo de esta tarea de efectividad, ya directamente programado como un acto de genuflexión sugestiva, se dio cuando, en “emisión especial”, entrevistó al presidente Macri el día 9 de agosto de 2017, pocos días antes de las primeras (y últimas) elecciones de medio término que afrontaría el gobierno triunfante en 2015.
Especialmente limpísimo, Santiago fue utilizado a cambio de un pago para ocultar con enlucido de trivialidades el daño generado por el proyecto neoliberal, y también para enaltecer la figura de Mauricio Macri desde un mangrullo insípido aunque puramente emocional.
Allí, Del Moro desplegó la misma hipocresía gestual y las mismas sonrisas defensivas en contexto de vacío discursivo que cada mensual de clase media histrioniza cuando habla con su jefe. La táctica neoliberal apuntaba, esta vez, al naturalismo degradante.
“Cristina no tenía en su cabeza entregar el mando”, mintió Mauricio en aquella ocasión, para la ciudad y el mundo. “Porque tiene un problema psicológico”, continuó. “Ella debe creer que todavía tiene el mando de la Argentina”. Santiago, impecable, asentía como nuestro mejor sobrino. Mientras, Macri auguraba: “El país va a crecer más el año que viene [2018], porque mucha gente va a apostar por nuestro futuro y va a venir y va crear más empleo”.
Cuatro meses después de montarse en aquel tinglado, Santiago del Moro convino cuarteles de invierno con sus empleadores.
Regenteado por la empresa Telefé, el poder real agradeció los servicios prestados ordenándole conducir un espacio en el que la misma clase media a la que él contribuyó a embrutecer alimenta su vulgar sueño ancestral de ganar rápidamente mucho dinero. Allí, Del Moro, un adulto de ya cuatro décadas, biencasado y papi de dos soles, despliega un sainete de falso lujo en el que, de a uno, de a dos o de a tres, exponentes arquetípicos del vecino de al lado juegan a validar su pobreza cultural.
En “¿Quién quiere ser millonario?”, el programa de preguntas y respuestas a que se aficionó la clase media macrista en el último tramo del gobierno de su idolatrado, Santiago recibió la misión de sustituir las lecciones de sabiduría por manifestaciones de un "canto a la vida" lelo y aceptante de las relaciones de explotación, diluidas bajo el velo de las mismas ilusiones ingenuas que nuestros bisabuelos ponían en la carrera de los hijos o en la lotería.
La emisión es, también, una exposición validante de paradigmas de la tosquedad que opera como canal informal de control social.
Podría quizás aventurarse que, en la lograda cadena de éxitos procurada por el macrismo –que contaba como objetivo alcanzado cada individual exterminio del criterio- Santiago del Moro fue objeto de proyección de lo que la clase media degradada quiso para sus hijos.
Su figura y sus licencias de honestidad iletrada continúan aportando la misma deseada máscara hiperbólica que cada pequeño empleado o cuentapropista aspira a reconocer en su prole, la misma corrección forzada y pueril que cada oficinista ejerce para ignorar y hacer ignorar la dinámica de la explotación, el mismo brillo infantil que infunde seducción a la mentira y la misma sugerida perversión polimorfa que Freud postulaba acerca de los niños.
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domingo, 16 de febrero de 2020
"Prontuario de Gabinete": Nelson CASTRO
PRONTUARIO DE GABINETE
*Caricatura digital: Andrés Casciani (2020) / Texto: Eddy Whopper
Sección "Partícipes Necesarios"
Hoy: Nelson CASTRO
Nombre completo: Nelson Alberto Castro
Fecha de Nacimiento: 5 de abril de 1955
Nelson Castro es un intelectual de medianas aptitudes, moderado ejercicio y buena captación y respeto por parte del “público en general”. Prestó su alistamiento voluntario y oneroso a favor de los intereses desmedidos de las corporaciones mediáticas, que le digitaron los ámbitos, los contenidos y las formas de exposición del pensamiento. La clase media televisiva sabe que el apelativo de “doctor” le viene de haber cursado y terminado la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires; y que la exhibición descontextualizada de su especialidad –la neurología- lo ha ubicado en un sitial de emisor válido de enunciados relativos al estado de salud mental de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por lo demás, Castro también ha estudiado periodismo y música: habría compuesto, incluso, algunas sinfonías. Es autor de varios libros, ensayos más o menos periodísticos con algún viso de verdad protouniversitaria, al mismo estilo de acercamiento descontracturado a la cultura que postula el suplemento “Ñ” de su empleador, dirigido al público de clase media algo profesional o con estudios terciarios sin terminar.
Antes de concertar su ingreso al Grupo Clarín, Castro demostró habilidad para abordar fenómenos complejos: cursó una maestría en Estados Unidos y logró ser acreditado en la Casa Blanca como periodista internacional en las conferencias brindadas por Ronald Reagan. A partir de entonces, tejió relaciones con el llamado “Departamento de Estado” norteamericano –la oficina administrativa que concreta la política exterior de aquel país- que le permitieron acceder a ciertas posiciones de privilegio en el entorno del periodismo político, tales como la autorización de la Embajada de EE. UU. para establecer comunicaciones con personal militar durante la Guerra del Golfo Pérsico en 1991 y las entrevistas a diversos líderes latinoamericanos. Casualmente, Nelson Castro se encontraba en Nueva York el 11 de septiembre de 2001, día del atentado a las Torres Gemelas.
El Grupo Clarín lo tenía como miembro de su staff ya en el inicio de la campaña de sugestión colectiva que, en forma efectivísima, captó el criterio de una mayoría sustentada en el ejercicio y la promoción de antivalores ancestrales, con el logrado fin de entronizar a Mauricio Macri en la Presidencia de la Nación. Su programa “El Juego Limpio” (que se emitía desde 1998), había logrado el favor de un sector cada vez más numeroso de empleados adultos y jubilados que más o menos superaban los dos salarios mínimos, vitales y móviles. Finalmente, el holding dirigido por Héctor Magnetto aprovechó su despido de Radio Del Plata, cuyos dueños eran por entonces allegados al kirchnerismo, para construirlo como figura central de difusión del discurso macrista.
Más tarde, precedió al programa de Víctor Hugo Morales en Radio Continental, en el horario de 6 a 9 de la mañana: desde allí, con “La Mirada Despierta”, continuó su actividad de fogoneo crítico y estigmatizador de Cristina Fernández y del “entorno K”, a quienes se sindicaba como autores de los más múltiples desvaríos espirituales y materiales.
En especial, Castro recibió instrucciones de reseñar, del modo más didáctico y a la vez más efectista posible, el aparente sustento teórico de los preconceptos que esa clase media moralmente degradada había acuñado respecto de la entonces Presidenta de la Nación. Por alguna razón relacionada con el álea de la ignorancia, los sectores asalariados y pequeño-cuentapropistas “anti K” vinculaban a la Primera Mandataria con algunos estereotipos de salud, fuertemente afines a las ideas hiperbólicas de locura que formaban parte de sus contenidos de inmigración.
Con el objeto de hacerse de ese capital corroído y utilizarlo a favor de la construcción de un nuevo orden político, el poder real contrató al doctor Castro a fin de que mintiera en todas las instancias de comunicación masiva y destacara sin vergüenza ninguna –desde su indiscutible validación conferida por la neurología de sus espectadores- los supuestos visos de insania que padecería y ostentaría Cristina Fernández de Kirchner.
Su trabajo consistió, en este contexto, en emitir públicamente diagnósticos de salud mental que involucraban a la esposa de Néstor Kirchner. Esta locución médico mediático – paciente ausente alcanzó su clímax de irrealidad cuando Castro, frente a las cámaras programadas, sindicó a Cristina Fernández como víctima de un ignoto “Síndrome de Hubris”, trastorno psiquiátrico consistente en ejercer el despotismo arrogante y el desconocimiento soberbio de los derechos de las personas en cualquier instancia de poder.
El encuadramiento sintomatológico fue rabiosamente aceptado por la clase media, que encontró en las palabras del galeno catódico un canal de legitimación médica de lo que hasta ahora se había traducido como insultos. La clase media sintió, a partir de la validación castrense, que podía despreciar al kirchnerismo con apoyatura en conocimientos aportados por la ciencia, algo que no sucedía en la Historia Universal desde el desarrollo del sistema político-racial elaborado y emprendido por el nacionalsocialismo alemán. Con el sostén aportado por la aparente teoría sanitaria y emitido por el médico que había elegido comunicar a la gente, el mediopelo tuvo su argumento de autoridad para, ya definitivamente, clausurar toda puerta que abriera el camino del razonamiento virtuoso y abrazar el macrismo en absoluta fiesta de preconceptos consagrados.
Como genial acentuación de su doctrina pagada, y para evitar que a sus palabras se las llevara el mismo viento que había arrastrado el criterio de los abusados del 2001 (y que ahora, salvados de la miseria por el Matrimonio Presidencial, desconocían con ruindad a sus benefactores), el doctor Castro asentó en libro sus disparates de consultorio. SECRETO DE ESTADO - LA VERDAD SOBRE LA SALUD DE CRISTINA FERNÁNDEZ fue récord de ventas entre los nuevos “indignados” de asado semanal y proyecto de tour europeo de 20 días - 15 capitales.
El texto castreano plantea la absurda necesidad de abordar la locura específica de Cristina Fernández –que da por sentada, como premisa de sus ideaciones editoriales- en carácter de cuestión de interés público, involucrando así a todos en la defensa de un país que postulaba timoneado con peligro para “nosotros y nuestros hijos” por una Ajab del poder. Algunos capítulos dan cuenta de las intenciones de penetración e instalación en la idea mórbida ya desarrollada por su público: “Es bipolar” (Capítulo I); “El Cáncer que no fue” (Capítulo II); “Hay que temerle a Dios… y un poquito a mí” (Capítulo III, base de las especulaciones húbricas); “Tropezón y Caída” (Capítulo IV); “Fiebre de un domingo por la tarde” (Capítulo V); “Hay que cuidar la máquina” (Capítulo VII) y un epílogo -cuya rotulación como “Addendum” consolida la apreciación jerárquica del volumen entre la clase media mayormente iletrada- titulado “La Unidad Médica Presidencial”.
Nelson Castro fue uno de los conductores de la llamada “Marcha por Nisman” del 18 de febrero de 2015, en la que diversos funcionarios jerárquicos del Poder Judicial se volcaron a las calles para reclamar la misma Justicia que ellos estaban encargados de impartir. Aquel día, bajo una lluvia de verano que también sugería “limpieza”, Castro pintó con tonos de mesura en la tragedia decenas de imágenes de contundente poder de penetración en sus expectadores ya definitivamente captados. Por entonces, algunas provincias comenzaban a elegir autoridades locales en elecciones que, una a una, iba ganando el macrismo. En aquella emisión, Castro recibió varias instrucciones centrales respecto del modo de comunicar y de los contenidos: una de ellas fue la de omitir adrede el carácter ilegal de la marcha, prohibida desde el dictado de las primeras normas sobre ejercicio de la judicatura, que impiden a jueces, fiscales y agentes con rango de funcionario o magistrado participar de actividades de carácter político.
Con la caída del macrismo, el periodista-doctor ha perdido cierto predicamento, que seguramente retomará cuando la derecha neoliberal retome el poder, algo que, dado el estado de anomia cultural de nuestras mayorías, ciertamente acaecerá mucho antes de su muerte.
Sería desacertado afirmar que Castro ha pecado de ingenuo al aceptar el pago del poder real para formar parte de la troupe segadora del criterio del mediopelo. Su capacidad de elaboración de discurso y las múltiples áreas en las que ha desarrollado su actividad rentada en pos del ascenso y mantenimiento de Mauricio Macri en el poder dan pábulo a la idea de que su decisión de naturalizar la mentira emocional fue claramente dolosa.
Por esa razón, que lo sindica como uno de los principales hacedores del mal sugestivo que desencadenó en el advenimiento de la dictadura macrista, Nelson Castro es parte de este Prontuario de Gabinete, cuya página será escrutada cuando la Historia y –especialmente- los hombres venzan la cobardía y asuman el superior ministerio de juzgar, de acuerdo con criterios elementales de verdad, equidad y necesidad racional de justo castigo.
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jueves, 13 de febrero de 2020
Fernando De la Rúa
"20 años no es nada - De La Rúa" ilustración de Andrés Casciani para la sección de Roly Gimenez sobre los 20 años de Revista Zero y su contexto histórico nacional y provincial (Revista Zero, Mendoza, abril de 2019)
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sábado, 8 de febrero de 2020
Jorge Alemán
“El capitalismo actual tiene como botín de guerra la subjetividad. Ahora el neoliberalismo es la primer formación histórica que está absolutamente interesada en producir subjetividades: la figura del emprendedor, la fábrica del hombre endeudado, la autoayuda, los managers del alma, los coach. Es decir, la reproducción social del capital ahora ya toca la vida íntima. Por lo tanto el “crimen es perfecto”: si toda la subjetividad, tal como pensaron en su día Foucault, Deleuze y otros, está en manos de la producción del capital, no habría ningún lugar que quedase ajeno a lo que es la reproducción ilimitada y la extensión homogénea del capitalismo”.
(Jorge Alemán)
* Caricatura por Andrés Casciani
- Collage y lápices sobre papel - 21 x 29 cms (2020)
andrescasciani.com
Etiquetas:
bocetos y hojas sueltas,
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